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LA PALABRA DEL DOMINGO

Juan López Vergara

La madre Iglesia ofrece hoy en la mesa de la Eucaristía un texto de san Marcos, que presenta un resumen de las apariciones del Señor resucitado. Y el envío al mundo entero para bautizarlo y santificarlo, de los seguidores de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, convocados a ser Apóstoles del Evangelio (Mc 16, 15-20).

A LA LUZ DE LA FE SE UNIFICA LA HUMANIDAD
Jesús, vencedor de la muerte, anhela que la Buena Nueva se proclame a toda la creación: “En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: ‘Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura’” (v. 15). Los discípulos deberán ir al mundo y proponer la Buena Nueva de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios (véase Mc 1, 1). A la muerte de Jesús el velo del Santuario se rasgó en dos y el centurión que estaba frente a Él exclamó: “Verdaderamente este hombre era hijo de Dios” (Mc 15, 39).
La Muerte y la Resurrección de Jesús rompen la separación establecida entre el pueblo elegido y ‘toda la creación’. Se unifica la humanidad y todos los pueblos tendrán que hacer el acto de fe que les abrirá las puertas de la salvación: “El que crea y se bautice, se salvará; y él que resista a creer será condenado” (v. 16).

EN EL “NOMBRE” DE JESÚS
Jesús resucitado comparte con todos los creyentes su poder que es más fuerte que el mal:

“Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sanos” (vv. 17-18).

Los milagros y sanaciones no son el fin, sino señales y medios, dado que el “Nombre” para los judíos significaba la presencia activa de Dios. San Pablo dice que Jesús resucitado ha recibido este ‘Nombre’ que supera todo otro nombre (compárese Flp 2, 9).

ES IMPRESCINDIBLE UNA FE BIEN DISPUESTA
Los discípulos son enviados a proclamar el señorío que Cristo resucitado ha adquirido sobre el mundo:

“El Señor Jesús, después de hablarles, subió al Cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían” (vv. 19-20).

Estas palabras finales mencionan la Ascensión de Jesús al Cielo y su entronización a la diestra de Dios, mostrándonos que el fin de la evangelización es que toda la creación se reúna en torno a la Persona de Jesús. Él actúa en los bautizados y prolonga su predicación por medio de la comunidad, subrayando la necesidad de una fe bien dispuesta, que da la seguridad de que: “el Señor actuaba con ellos” (v. 20).
Apreciables lectores, para actualizar el santo Evangelio del día de hoy, que celebramos la Ascención del Señor, aunque el corazón de la Buena Nueva no late en amplios sectores de nuestra realidad, la Iglesia lejos de constituirse en un refugio contra el mundo, es la comunidad donde al ser bautizados nos convertimos todos y cada uno en apóstoles del santo “Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios” (Mc 1, 1).

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