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VÍCTOR ULÍN

El diagnóstico de los paramédicos confirmó que lo mató el frío (hipotermia, para fines técnicos y formales en el acta de defunción que alguien deberá solicitar).
A su lado permaneció su perro hasta que los empleados del Forense levantaron el cuerpo del suelo para llevarlo a la morgue metropolitana de la ciudad.
Tenía 70 años, calcularon los paramédicos que revisaron al anciano cuando ya había fallecido.
Su cuerpo, por la noche o la madrugada, simplemente se apagó.
Quedó tendido sobre una de las banquetas en la colonia Jalisco, en el municipio de Tonalá, en el cruce de Periférico Norte y Sayula, reseñaron los medios en las redes sociales el domingo 7 de enero, un día después del Día de Reyes.
Era un indigente en “situación de calle” para las estadísticas oficiales.

Era un anciano, como el abuelo que está en casa o el que sobrevive trabajando de empacador en una tienda de autoservicio.
Era una persona. Un ser humano como usted y yo, con el mismo derecho de una vida y hasta de una muerte digna.
Cuántos de los que viven en Tonalá, en la colonia Jalisco, debieron haberlo visto tantas veces deambular, extendiendo la mano pidiendo una limosna o algo de comer. O sobre la banqueta tratando de dormir en estos fríos invernales que seca hasta la sangre, y sólo acompañado del calor de su mascota.
Cuántos le ofrecerían un pedazo de pan, un abrigo o alguna sábana sin que lo pidiera. Si murió de frío fue porque todos de alguna manera lo matamos. El gobierno estatal o municipal omiso y el vecino que cruzaba la acera cuando veía que se le acercaba.

No sé su nombre ni tampoco ustedes lo sabrán. Si sabemos de él hoy, es porque paradójicamente las redes sociales visibilizaron su muerte. Pero no lo vieron antes. Ni usted ni yo, ni mucho menos los habitantes de Tonalá.
Es lo que hacemos a diario: ignorar e ignorar. Lo hacemos con las personas mayores que terminan sus días viviendo en la calle. Claro, si es época de campañas electorales le servirá al candidato a la gubernatura o a la alcaldía para simular que se conduele con la situación y se comprometerá a cambiar la realidad que sigue igual después de otros tantos que le secundaron y que repitieron la misma promesa sin hacer gran cosa cuando ganaron la elección.
No hay hoy, por lo menos en los medios oficiales del gobierno, una campaña para sensibilizar, ayudar y proteger a los ancianos que deambulan por las calles de la ciudad y municipios, o para sancionar a los indolentes que los maltratan cuando les piden una moneda.
No hemos visto tampoco a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos procurando respeto y una vida digna para los ancianos que duermen donde la noche los alcanza: en alguna casa abandonada, la banca de algún parque o en la banqueta, si es que los policías no los corren porque dan “mal aspecto” a la zona. Parece un absurdo, pero en este México surrealista, si los policías los detuvieran, en las cárceles por lo menos tendrían un techo y comida. No morirían nuestros ancianos en las calles.

@arquimedios_gdl

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