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La pandemia no ha pasado

Más allá de las pérdidas que ha dejado esta enfermedad, debemos dejar de lado el dolor que nos puede cegar y voltear a ver los aspectos positivos que ha arrojado y el cúmulo de enseñanzas. Eso también es sanar.

CRISTINA ELIZABETH DÍAZ MORALES

Si pensamos en covid, inevitablemente se nos vienen a la mente imágenes de dolor, aislamiento, soledad, muerte. Estos poco más de dos años conviviendo con la pandemia han estado marcados por la pérdida y
tragedia en muchos aspectos; partieron seres queridos, se afectó la salud física, la salud emocional, el ámbito educativo y económico, se registró un cambio radical en el mundo.
Al hacer un balance, el médico infectólogo, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara, Héctor Raúl Pérez Gómez, reconoció que para todo el mundo el covid fue una tragedia, por el número de enfermos, el número de fallecimientos, el número de personas que perdieron seres queridos, por el número de huérfanos que ha dejado, por el impacto económico que generó a tantas familias y también a las macro economías.
“Ha sido una tragedia en diversos puntos de vista, pero de las tragedias se debe aprender, identificar las áreas de oportunidad, primero para que no se repita, para estar mejor preparados, pero también para identificar lo que, paradójicamente, de manera positiva haya dejado una experiencia de esta naturaleza”, indicó.

Solidaridad
Para el investigador, hay varios aspectos positivos que se pueden destacar, pero el más importante es que, en general, “nos pudimos dar cuenta que todavía existe en el mundo gente de buena voluntad, todavía existe solidaridad humana, todavía existen valores para apoyar al que más sufre, se pudo ver en el personal de salud que atendió a los enfermos, pero también de las personas que estuvieron apoyando”.
En el aspecto médico biológico, aprendimos muchas lecciones sobre la manera de protegernos mejor de las enfermedades respiratorias, porque la mayoría de los conceptos preventivos contra esta pandemia, aplican para todas las enfermedades respiratorias; por ejemplo, aprendimos que el uso del cubre bocas es fundamental para prevenir la enfermedad.

También se aprendió que las partículas infecciosas de las vías respiratorias pueden permanecer suspendidas en el aire durante un determinado tiempo, dependiendo de su tamaño, si son gotitas o aerosoles, y que incluso un estornudo puede hacer viajar a estas partículas infectantes hasta seis metros
de distancia, por eso la importancia del uso del cubrebocas.
NUEVA CULTURA DE LA PREVENCIÓN
Esto también llevo a identificar que es muy importante mantener una distancia de 1.8 metros entre persona y persona para reducir el riesgo de infección, el lavado de manos, el aislamiento de los contagiados, “el conocimiento de todos estos detalles nos lleva a una nueva cultura de la prevención de las enfermedades respiratorias y de la protección para con los demás, eso también es solidaridad con los demás”, destacó el infectólogo Héctor Raúl Pérez Gómez.
Otra enseñanza en la contención de la enfermedad que se tuvo fue darse cuenta que la vacunación ha sido fundamental para enfrentar una enfermedad nueva para la que el ser humano no tenía inmunidad previa.
Además, mejoraron los sistemas de vigilancia epidemiológica en todo el mundo, al ser casi en tiempo real, porque las tecnologías de la información ayudaron mucho a estos sistemas de vigilancia, que incluso permitió pronosticar en qué momento podrá surgir un brote y en qué lugares geográficos podría haber un rebrote de la enfermedad, tecnologías que se aplicarán para otras enfermedades.
RETOS
Finalmente, el investigador de la UdeG destacó que el gran reto que ha dejado la pandemia es que en todo el mundo es necesario reforzar los sistemas de salud, porque todos los países se vieron afectados, y llegó a rebasar a países desarrollados como Italia y Reino Unido, lo que demuestra que todos deben repasar y revisar sus sistemas de salud y resolver los déficit que hay en esos sentidos, tanto de personal, de infraestructura, de insumos suficientes y de calidad para la atención a la salud.
El covid nos quitó mucho, pero también nos dejó muchas enseñanzas para ser mejores en todos los aspectos.

Héctor Raúl Pérez Gómez, Profesor investigador de la UdeG

Viendo a través del amor

Con el regreso a las actividades cotidianas disfrutamos más el presente y revaloramos nuestras relaciones interpersonales desde el aquí y el ahora.

Y si hablamos de la salud mental, el covid detonó diversas enfermedades provocadas por la situación que se vivía, el encierro, ver afectada nuestra salud, la de los nuestros, la psicosis colectiva que se generó por un padecimiento desconocido que arrasaba con todo, sin importar el estrato social, nacionalidad o religión.
La directora de la División de Disciplinas Básicas para la Salud, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara, Norma Alicia Ruvalcaba Romero, destacó que, a dos años de vivir en pandemia, en términos de salud mental, también hay cosas positivas que se pueden y deben rescatar.

Reconoció que, si bien, se dispararon los trastornos de la vida afectiva, especialmente la depresión y la ansiedad, precisamente por las circunstancias sociales que se vivían; el encierro, la pérdida de empleo y los estresores que implicaban ya no ir a la escuela o a nuestras actividades cotidianas, ahora que poco a poco se han restablecido, la vida se ve de manera distinta.

Sin duda alguna, hay varios cambios positivos después de que se presentó la crisis del covid, y es que revaloramos los vínculos sociales; antes veíamos normal una reunión familiar, convivir en el salón de clases, con los compañeros de trabajo, y a raíz de que, por un momento, no pudimos seguir en esa dinámica, ahora los vivimos de otra manera.

¡SE VALE PEDIR AYUDA!
“Sin duda alguna, uno de los grandes pasos que se tuvieron en materia de salud mental fue que se pudieron desestigmatizar los procesos de enfermedad mental, esta noción de que nos puede pasar a todos estas afectaciones, y que pedir ayuda psicológica no tiene que ver con un desfase de la realidad”, dijo la especialista.
“Nos pudimos quitar la idea de que ‘no voy a terapia porque no estoy loco’, y ahora podemos decir ‘voy a terapia porque ahora, en este momento, estoy necesitando ayuda y quiero estar mejor, quiero redescubrir mis procesos internos para poder subsanar mejor mi situación’”, destacó.
Si se tuvieran que enumerar cuatro cosas buenas que la pandemia nos ha dejado, para la doctora Ruvalcaba Romero, serían la revalorización de los vínculos interpersonales, el desarrollo de la empatía, justamente en estas funciones de saber cómo se está sintiendo el otro, y que en muchos círculos sociales se dispararon los procesos de solidaridad y ver desde otra óptica los procesos de ayuda de profesionales, es decir, de un acompañamiento psicológico.

“Me gusta destacar que la solidaridad, el acompañamiento, de estar ahí, sobre todo, cuando las personas tuvieron pérdidas, de proveer, por ejemplo, de alimentos cuando las familias estaban enfermas, que ayuda, justamente, a hacer cohesión social”, dijo.
Y sí, el covid nos quitó mucho, nos transformó, pero ahora es momento para demostrar que nos hizo mejores, que apreciamos más a la familia, los amigos, el trabajo, la escuela y en sí, los pequeños detalles, porque sabemos que, en cualquier momento, las cosas pueden cambiar y desaparecer, la vida puede sacudirnos cuando menos lo esperemos; por ello, disfrutemos el aquí y el ahora.

“Ahora podemos decir ‘voy a terapia porque ahora en este momento estoy necesitando ayuda y quiero estar mejor’”. —Norma Alicia Ruvalcaba Romero, directora de la División de Disciplinas Básicas para la Salud, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la UdG.

Dra. Norma Alicia Ruvalcaba Romero

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