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En memoria de Javier Campos Morales, SJ y Joaquín César Mora Salazar, SJ

Luis Sánchez

En el lenguaje cotidiano, la palabra “pobres” tiene muchos significados. Regularmente, cuando se habla de “los pobres”, se hace referencia al término socio-económico, aquellos que tienen menos recursos económicos, y que esta carencia determina la dinámica social en la que viven. También se puede asociar con debilidad, limitación, humildad o incluso santidad; sin embargo, la opción preferencial por los pobres que desde hace más de 480 años ha sido la base de la Compañía de Jesús (Jesuitas), va más allá de un tema económico, según palabras del teólogo y sacerdote José María Vigil, los destinatarios de esta opción no son sin más los pobres económicos, ni los pobres que son buenos, ni los que tienen espíritu de pobres o carecen de cualquier bien, sino los injusticiados, las víctimas, sean pobres económicos o no. 

Históricamente, los jesuitas han sido conocidos como la “izquierda” de la Iglesia Católica, aquellos que en aras de construir el reino de Dios, han ido a los rincones del mundo a los que otros no han querido ir, como ellos mismos se definen, son “hombres de frontera”, esos lugares a los que nadie quiere ir porque significa estar ahí donde duele, donde las injusticias y el sufrimiento son parte de una violencia estructural añeja, sistémica e histórica; es estar con “los nadie”, como los describe Eduardo Galeano en su poema que lleva dicho título.

La Sierra Tarahumara es una de esas fronteras, en la que la presencia de jesuitas data desde inicios del siglo XVII; durante todo este tiempo, se han dedicado a acompañar y vivir con el pueblo rarámuri, una de las zonas donde el crimen organizado ha aumentado su presencia y control debido a la siembra de amapola y mariguana.

Además de su labor sacerdotal, la Compañía de Jesús ha implementado diversos proyectos en la sierra, como los Centros Culturales Jesuitas de la Tarahumara y la escuela primaria de Rejogochi.

El proyecto de atención y salud comunitaria de la Clínica Santa Teresita A.C. (CACSTAC); de fortalecimiento de las economías solidarias con las artesanas indígenas y en temas de derechos humanos a través de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A.C. (Cosyddhac), según refiere el Ex Coordinador de los Centros Culturales Jesuitas de la Tarahumara, Daniel Vargas Zúñiga, quien durante el tiempo que vivió en la Sierra Tarahumara, tuvo la oportunidad de conocer a los padres Javier Campos Morales “El Gallo” S.J y Joaquín César Mora Salazar “Morita” S.J, sacerdotes jesuitas que desde hace más de 40 años con su presencia y trabajo junto al pueblo rarámuri, personificaron esa opción preferencial por los pobres, que siglos atrás, San Ignacio y otros tantos jesuitas, inspirados por la figura de Jesús, decidieron adoptar como suerte de vida.

PROMOTORES DE LA JUSTICIA Y RECONCILIACIÓN

La tarde del lunes 20 de junio, Pedro Palma, un guía de turistas de la región, era perseguido por personas armadas que querían acribillarlo, Pedro buscó refugio en la iglesia del pueblo de Cerocahui, donde ingresó y fue asesinado por José Noriel Portillo “El Chueco”, quien dirige una célula del grupo delictivo “Gente Nueva”, considerado como el brazo armado y operativo del Cártel de Sinaloa en Chihuahua. Además de asesinar a Palma, Noriel Portillo le disparó a dos padres que acudieron en auxilio del guía turístico al escuchar los disparos en la iglesia; esos sacerdotes eran “El Gallo” y “Morita”, los jesuitas que hasta el último de sus días, siguieron el ejemplo de Jesús, siempre al servicio de los demás y con una profunda promoción por la justicia y la reconciliación, en esos lugares olvidados por el Estado, donde solo hay abandono y marginación, ahí donde la opción por los pobres se vuelve un modo de vida hasta el último de sus días…

Los nombres de Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar se suman a las más de 100,000 vidas que la violencia del crimen organizado ha arrebatado en nuestro país. El crecimiento de los carteles, la impunidad y los discursos llenos de palabras sin acciones, nos tienen hoy sumidos en una realidad donde esas fronteras de las que hablamos, están cada vez más cerca; el espiral de violencia se cierra día con día entre homicidios, desapariciones, feminicidios y otros tantos delitos, que si bien, llevan décadas y tienen un trasfondo más allá de esta administración, aumentan día con día y la búsqueda por justicia parece que nunca llegará.

Por eso hoy más que nunca, ante este escenario de muerte y dolor, el ejemplo de vida del padre Gallo y el padre Morita, son brújulas que nos ayudan a seguir creyendo en un mundo más humano y justo, denunciando las injusticias con valentía y sobre todo que nos vuelva empáticos ante el dolor de quienes más sufre.

Nos leemos la siguiente semana con mejores noticias y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar, desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

@arquimedios_gdl

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