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“Cuando alguien pone el dedo en la llaga, solo los necios piensan que lo importante es el dedo”, señaló Confucio.
Ante las críticas -las fundamentadas- por todo lo que significa la implementación de los libros de texto correspondientes a la así llamada Nueva Escuela Mexicana, López Obrador responde que los culpables de las objeciones no son su estrategia para imponerlos, ni el procedimiento ilegal para establecerlos, ni sus vacíos de diferente índole para justificarlos, sino los conservadores, liberales y derechistas que, según él, están oponiéndose a que se repartan.
Y sus críticos, por su parte, ponen el acento en el autoritarismo con que vienen siendo presentados, la intolerancia de las autoridades, y otros argumentos que no se relacionan tanto con la educación.

El tema está sumamente polarizado. Desgraciadamente, este estilo de debate ha sido el privilegiado por el Ejecutivo para casi todos los asuntos en donde hay oposición.

Desde que López Obrador anunció, en 2020, la iniciativa de modificar los contenidos en los libros de texto de los niveles básicos, los Obispos de México expresaron “su profundo extrañamiento” al respecto, y afirmaban que esta propuesta tocaba “aspectos sensibles para todos los mexicanos”; criticaron que los cambios se quisieran hacer en un tiempo breve, “sin mayor fundamento científico, jurídico e institucional”, y que la situación educativa en el país, requería “de una respuesta integral, articulada, generosa y consensuada”, sobre todo si, como dijo el Papa respecto a cómo afectó la pandemia, veníamos de una “catástrofe educativa”.
Lo integral depende del ángulo doctrinal con que se elaboren, lo mismo que la articulación; ambos aspectos lo tienen los nuevos libros.
Pero en donde falló completamente el intento fue en lo consensual, que por cuestiones de fondo y forma era imprescindible, y no lo hicieron.

De hecho, esta omisión, como lo marca la ley al respecto, fue el fundamento para que se aceptara la demanda de que los libros no se repartieran.
Independientemente del desenlace de esta controversia, los que deben involucrarse permanentemente en el sistema educativo nacional son los padres de familia, primeros responsables de acompañar a sus hijos en los aspectos más esenciales de su vida (cfr. Mensaje Obispos de México. 1° de agosto de 2023), porque en nuestro país no están acostumbrados a hacerlo así.

Con excepciones, pero este deber generalmente los progenitores lo endosan a los maestros y al gobierno, y no, estos dos entes son solo garantes de la educación que los papás quieren para sus vástagos.

Todos consideramos necesario revisar el Sistema Educativo Nacional, en su conjunto, pero respetando la legalidad e involucrando a la sociedad, a los académicos, a los sindicatos, a las organizaciones de padres de familia, entre otros. Gestión que en estos textos no se llevó a cabo. Con este antecedente, cualquier resultado hubiera sido cuestionado, más cuando la sociedad está polarizada, y por lo que, además, se le quieren ver todos los errores (históricos, pedagógicos, ortográficos, científicos, etc.) a la propuesta metodológica de una eventual Nueva Escuela Mexicana.
En el asunto tan delicado e importante de la educación de los niños, como escribieron los Obispos de México, “no cabe ya la polarización, la división y la improvisación”, y de esto hay mucho en los nuevos libros de texto.

@arquimedios_gdl

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