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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
He intentado todo para ayudar a mi esposo esclavo de las drogas. Se vuelve violento bajo sus efectos y roba para consumir. Su conducta nos está destruyendo como familia y he perdido la fe.
Yo creo que él no se recuperará jamás. Estoy muy cansada y ya no puedo siquiera rezar.
Ana Paula R.

HERMANA MÍA, ANA PAULA:
Límites adecuados, sí. Debe buscar ayuda en una institución especializada. Pero, además, tu oración perseverante. La oración realmente es poderosa como lo muestran innumerables casos de grupos de oración y de experiencias personales en las que se cambia el curso natural de los hechos, de forma inexplicable para los no creyentes y por intervención divina para quienes reconocemos la existencia y el poder de Dios.

“La oración es la fortaleza del hombre, y la debilidad de Dios”, nos dice San Agustín.

Si te encuentras cansada, prueba a unirte a un grupo de hermanos que rueguen contigo.

Recientemente, en mi propio grupo, tuvimos una conversación llena de gratitud. Primero escuchamos a una de nosotras que dio gracias al resto por las oraciones que habíamos elevado en favor de su nieto. Nos describió el momento difícil y crudo que vivió su hijo cuando le dijeron que el pequeñito no tenía esperanza de vida.
Con voz entrecortada, él comentó a su madre esta noticia fatal y ella respondió confiada: “ten fe”. En el mismo instante nos invitó a todas a orar por su nietecito. Su hijo y nuera rezaban aferrados a su Rosario en una escena tan dolorosa como conmovedora. Entraron a terapia intensiva con él y lo bautizaron… Unos minutos después el pequeñito empezó a mejorar sus signos vitales ante la incredulidad de los médicos tratantes. “¡Un milagro! ¡Un milagro!”, gritaban los padres entre sollozos de alegría. El bebé sigue entre nosotros gozando de perfecta salud.

¡Todo es posible para el que tiene fe! (Mc. 9, 23).

Otra de nuestras compañeras agradecía por nuestra oración al pedir por el papá de una amiga que, a punto de morir, no quería recibir a un Sacerdote. Todas a rogar a nuestro Padre de Amor. Llegó el Sacerdote a su casa e inesperadamente nuestro enfermito pidió que pasara. Se confesó y recibió la extremaunción antes de morir. Despedida dolorosa y, sin embargo, había gozo en el alma de sus hijas que llenas de fe, rogaron al Padre una señal de su misericordia.

Hacer lo correcto para dar solución al problema sin dejar de orar. ¡Los milagros sí existen!


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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