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ABEL CAMPIRANO MARÍN

Máynez, como quiere que lo llamen, no tiene la mínima oportunidad de ser presidente de la República; a lo que le tira y está más que claro, es servir de instrumento de pesa y medida, para que Movimiento Ciudadano no pierda su registro como partido político. Todo quedará entre Xóchitl y Claudia.
Entre ellas estará la primera presidenta de México en 203 años de vida independiente. Un hecho histórico y que además marcará el destino de las próximas dos generaciones de mexicanos.
Los retos que enfrentará la próxima presidenta de nuestro país serán formidables, pues heredarán un gobierno hecho pedazos, desordenado, sin rumbo, ocupado en sembrar discordias y cultivar intereses personales más que en la procuración del bien común de sus gobernados.
Independientemente de los obvios y recurrentes problemas de salud y de la seguridad pública prácticamente nula, y la destrucción completa del sistema de gobierno que permitía que las secretarías de estado fueran precisamente eso, coadyuvantes en la tarea del presidente, y reducidos a meros adornos que ni para decoración sirven, la presidenta tendrá un problema muy serio en la cuestión económica.

Nos perfilamos a otra crisis muy similar a la que experimentamos en el año de 1994, en donde los escenarios están perfectamente definidos.
Si gana Claudia, la teledirección del Barón de Macuspana, se ocupará de mantener aunque sea prendida de alfileres la economía, para que la doctora consolide el proyecto de Andrés y la reminiscencia de Calles y Cárdenas se haga presente, con la salvedad que Andrés no permitirá que Claudia lo mande más lejos de su rancho porque ha tejido una fina red de compromisos, de tal suerte que la próxima elección será como en el beisbol, una base por bolas disfrazada, una reelección bien disimulada.

Si gana Xóchitl, también Andrés tiene diseñado el sistema para que se caiga la economía, como aquel error de diciembre de Serra Puche-Salinas-Zedillo y la justificación sea muy evidente: Mientras estuvo Andrés en el poder la economía floreció y aunque no tuvimos un crecimiento económico real, la economía se comportó bastante bien, el dólar controlado, sin devaluaciones, sin gasolinazos, sin recurrir a préstamos, aumentando el salario mínimo y toda la cantaleta cotidiana, y como de entrada tendríamos una presión inflacionaria endemoniada por tanto gasto excesivo, lo más sencillo es decir que la nueva presidenta no sabe hacer las cosas y por eso la economía se irá en picada y surgirá de nuevo el “estaríamos mejor con López Obrador”.

Pero hay que ser profundamente realistas en eso de la elección. Queremos seguir con lo mismo que vemos a diario, un sistema de salud pésimo, sin medicinas, con un enorme desabasto a pesar de la demagógica mega farmacia, el huachicol desbordado, la violencia por todos lados, la corrupción in crescendo, el crimen organizado apropiado del poder, la cada vez más intensa polarización y crispación social, el desorden manifiesto, o mejor le buscamos a la alternancia.

No olvidemos la frasecita de Andrés: “Lo mejor, es lo peor que se va a poner”.
¿Qué nos querrá decir? Para colmo, cada vez que la espeta, la culmina con su risa burlona y más que socarrona, lo que nos pone a pensar: ¿Qué sigue? ¿Qué nos tiene guardado? ¿Le seguimos igual o mejor buscamos la alternancia?
Xóchitl o Claudia, esa es la cuestión. Máynez, con todo respeto, sale sobrando.

@arquimedios_gdl

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