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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

En cuanto a mí, ¡Dios me libre gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo! (Ga 6,14).
Esta expresión de san Pablo Apóstol manifiesta en él y en los verdaderos discípulos del Señor el significado y la profunda espiritualidad que lleva consigo la cruz de Cristo, una cruz vencedora, por medio de la cual recibimos sabiduría, redención, justificación y salvación.
Muchos santos se han identificado con la insignia de la cruz. Algunos de ellos llevan su nombre.
Santa Elena de la Cruz. Con el apoyo de su hijo Constantino, viajó a Tierra Santa para buscar las reliquias relacionadas directamente con Jesucristo. San Crisóstomo y san Ambrosio señalaron que, después de realizar muchas excavaciones en Jerusalén, se encontraron tres cruces. Como no se podía distinguir cuál era la de Jesús, trajeron hasta el Monte Calvario a una mujer agonizante y, al tocarla con dos de las cruces, ella empeoró. Pero al tocarla con la tercera, la enferma se recuperó instantáneamente. Entonces, santa Elena, el Obispo de Jerusalén Macario y miles de fieles llevaron la cruz en procesión por las calles de la ciudad.
San Juan de la Cruz. Este santo carmelita abrazó la cruz como instrumento de purificación. Sus sufrimientos y momentos de persecución los unió a los padecimientos de Cristo, lo cual fue su mayor consuelo e inspiración poética. “Noche oscura” llama a las «terribles pruebas que Dios envía al hombre para purificarlo»; antes de acceder a la experiencia mística de unión con Dios, el alma experimenta una desoladora sensación de soledad y abandono, acompañada de terribles tentaciones que, si consigue vencer, dejan paso a una nueva luz, pues «Dios no deja vacío sin llenar».
San Pablo de la Cruz. El fundador de los Hermanos Pasionistas impregnó a la naciente comunidad de un amor apasionado por la cruz de Cristo y de los dolores de la Santísima Virgen que culminaron en la sepultura de Cristo en el Calvario. En las anotaciones de su Diario espiritual escribió: “No deseo saber otra cosa ni quiero gustar consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús”.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Santa Edith Stein adoptó este nombre en honor de la madre espiritual de la Orden Carmelita, la reformadora santa Teresa de Jesús y de la Santa Cruz, en la que encontró el sentido de su conversión y misión. Ella llegó a escribir una obra filosófica y teológica muy profunda: La ciencia de la cruz.
En el Carmelo holandés de Echt escribe el deseo de ofrecerse “en sacrificio de expiación para alcanzar la verdadera paz y abatir el reino del anticristo”.


ENSEÑANZAS:
1.- El mismo Señor nos ha invitado a seguirlo tomando la cruz de cada día.
2.- La cruz es instrumento de gloria y no de ignominia. Es para nosotros principio de salvación.
3.- La cruz da sentido a nuestros padecimientos.

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