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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Durante años los seglares no encontraban un lugar propio en la Iglesia, pues no se les reconocía ninguna responsabilidad y su actitud debía ser eminentemente pasiva. Gracias a la Acción Católica, a la renovación litúrgica y a la profundización del sacerdocio común del bautismo, se redescubrió el papel protagónico del laicado. Ya se habían dado pasos en la encíclica “Mystici Corporis”, de Pio XII, pero el Concilio Vaticano II, el Papa Paulo VI en la “Evangelii Nuntiandi” y Juan Pablo II en la “Christefideles laici”, les dieron su justo lugar en la doctrina. Ahora hay que dárselos nosotros en nuestros procesos pastorales.
El compromiso evangélico de los laicos nace en su bautismo y no es por mera colaboración con los Obispos o los presbíteros, sino es parte de la misma misión de la Iglesia como Pueblo de Dios, al que pertenecen con todo derecho. A los laicos les toca evangelizar el mundo; su interlocutor en la evangelización es el mundo: el mundo del arte, de la cultura, de la política, de la economía, etc., en comunión con los demás miembros de la Iglesia local y coordinados por el propio Obispo o sus órganos de organización pastoral.

El laico, por tanto, no es un cristiano de menor rango, ni un bautizado de segunda, sino es un creyente que hace su opción de vivir el seguimiento de Cristo en el mundo; vocación que incluye ser miembro activo de la Iglesia particular, amándola, asumiéndola como propia, como su Iglesia a la cual pertenece y de la cual se debe sentir parte importante, pues

es en ella y por ella donde realiza su vocación laical. Algunos documentos de la Iglesia como “Christus Dominus” invitan a los Obispos a tomar en cuenta a los laicos escuchando su voz por medio del Consejo Pastoral Diocesano, potenciando así la acción pastoral, la comunión y la fidelidad a Cristo en la Iglesia particular. Así mismo, en los diversos consejos de pastoral parroquiales los laicos pueden ayudar a los presbíteros y religiosos a escuchar las necesidades apremiantes de la sociedad, porque ellos la conocen mejor que nadie, para que las respuestas pastorales sean más comprometidas en la transformación del mundo.
Los laicos con pleno derecho pueden participar en las acciones litúrgicas conforme a su servicio o carisma, en la catequesis, en la solidaridad y caridad cristiana. Los presbíteros deben ayudar a discernir a los laicos en su compromiso bautismal sin tener miedo de ellos y evitando que, por falta de acompañamiento pastoral, puedan caer en algunos peligros como el fundamentalismo teológico o algunas desviaciones pastorales. Así mismo, como el Papa Francisco lo ha recalcado en la “Evangelii Gaudium”, la participación de los laicos en la misión de la Iglesia debe considerar el papel protagónico de la mujer y darle más espacios para que con su carisma y sensibilidad especial, pueda hacer presente el Reino de Dios con la ternura y misericordia características de la sensibilidad femenina y que hoy tanto reclama el mundo.

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