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Yara Martínez González

Aunque la maternidad es considerada el regalo más grande para una mujer, factores como la educación, la salud, la economía, y ahora la pandemia, han hecho que esta vocación se vuelva cada vez más complicada, pero no menos gratificante.

 “Una sociedad sin madres sería una sociedad deshumana, porque las madres siempre saben testimoniar, incluso en los peores momentos, la ternura, la dedicación, la fuerza moral”, señaló el Papa Francisco en su catequesis del 7 de enero del 2015. Hoy más que nunca, esas palabras describen el rostro de muchas mujeres que han tenido la dicha de dar vida, de educar con su sabiduría y de guiar con amor incondicional.

Desde quien luchó incansablemente por cumplir el sueño de la maternidad, hasta las que buscan con pala en mano a sus hijos en las fosas clandestinas; las que la pobreza ha hecho emigrar por un futuro mejor y las que solas se convierten en el sustento de su familia. Todas ellas ejemplo de vida y de esfuerzo incansable, que en ocasiones pasa desapercibido ante los ojos de una sociedad que vive de prisa y que se olvida del verdadero valor del ser humano.

SER MAMÁ EN PANDEMIA

 Tras poco más de un año de vivir en medio de la pandemia muchos han sido los aprendizajes. Nada volverá a ser igual después de sentir el miedo, que llegó sin avisar con la amenaza latente de perder la vida o a un ser querido. En medio de todo esto, ahí están aquellas mujeres, que sin pensarlo, tuvieron que adoptar un nuevo estilo de vida, al convertirse en madres, esposas, amigas, maestras, compañeras de juego, profesionistas. Todo a la vez. Aunque desde casa, para muchas, lejos de disminuir el trabajo, se incrementó de manera considerable, y es una realidad que el cierre de las guarderías, escuelas y el comienzo de las clases en línea no ha sido sencillo. En el caso de los hijos pequeños, preparar sus materiales de estudio, explotar la creatividad y el uso de la tecnología es una labor maratónica. Eso, sumado a las tareas propias del hogar, hacen que el día a día se convierta en una batalla interna por no sucumbir ante el cansancio y la desesperación del no saber qué hacer.

UNA EXPERIENCIA DE VIDA
Nadie dijo que ser mamá fuera fácil, pero tampoco
que trajera consigo tantas satisfacciones, que se convierten en el principal motor para seguir adelante.
Suenan y se leen como frases trilladas, pero en el
fondo son una realidad, porque no se nace sabiendo
ser madre ni tampoco los hijos traen un instructivo
para cuidarlos y educarlos. Todo se aprende en el camino, y como lo dice el Papa Francisco, “una mamá
sabe lo que es importante para que un hijo camine
bien en la vida, y no lo ha aprendido en los libros,
sino que lo aprendió de su corazón”

@arquimedios_gdl

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