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Jeremy Martínez Santiago

2º. De Filosofía

Toda vocación es un misterio, y de forma particular, la vocación sacerdotal; porque ella es el signo más claro y hermoso de la presencia del mismo Jesucristo en medio de este mundo, ya que Dios elige a algunos de entre muchos para configurarlos consigo. ¿Cómo?

Ésta es precisamente la interrogante que se ha hecho la Iglesia desde su fundación, pero es porque el mismo Dios elige a estos hombres, esto plantea ya un misterio, el misterio de la vocación.

Descubrir la vocación es toda una aventura, y ni se diga vivirla; porque comienza con una inquietud que no siempre es clara, más aún, a veces es una inquietud que hace cuestionarse el sentido de la propia existencia. Esta inquietud se presenta como una curiosidad por la persona de Cristo, aunque no sea evidente, pero siempre hay algo en Él que atrae, que me hace emprender una búsqueda. Uno no se imagina que Jesús ya había puesto su mirada en mí antes de haber nacido, que me había elegido; es aquí donde me encuentro en el umbral de mi propia vocación, ¿Yo? ¿Seguirte? Es el momento en que el sujeto que ha sido llamado se pregunta: ¿Yo, por qué? Pero el porqué no importa, solo Dios sabe, pero el joven corazón entusiasta se alegra de recibir tan alto don de parte de tan generoso Señor.

La semilla comienza a germinar, voy conociendo a Jesús a la par que lo sigo y es un momento tan especial que me acuerdo siempre de los detalles, no por nada decía San Juan Pablo II que los comienzos de la vocación son siempre entusiastas. Como la semilla, la vocación va madurando en forma gradual según la gracia y la disposición del corazón, ahora he de permanecer en Él.

Si el “por qué” no importa, lo que sí importa es el “para qué”, esto es lo grandioso e interesante de la vocación sacerdotal. Para configurarse con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, ser Cristo en la tierra, mediador de Dios, dispensador de sus misterios y de su gracia, para santificar a los hermanos, para guiarlos a Su presencia. Podemos encontrar luces de este misterio en la Misa, cuando el sacerdote pronuncia las palabras del Señor: “Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes”, en ese momento el sacerdote se une íntimamente a Cristo que se puede apropiar de esas palabras. Daré tu vida en mí, daré mi vida en Ti.

Somos ahora conscientes y no tenemos ninguna duda de que es Jesús el que llama, si mi vocación viene de Dios, entonces he de perseverar y comunicar este gozo a todos mis hermanos mediante el ejercicio de la caridad y de la entrega generosa a cada momento con la certeza de que todo lo que hago lo hago en la persona de Cristo y para su gloria.

Alguna vez un sacerdote anciano decía: “La felicidad del sacerdocio no viene por el apostolado, viene de saber que soy de Él, ¡Que soy de Él!

San Juan Pablo II hacía notar que “la falta de sacerdotes es la tristeza de la Iglesia”; nosotros somos testigos de eso al constatar la disminución de alumnos en nuestro Seminario Diocesano de Guadalajara, por eso, les invito a que oremos al Dueño de la mies que envíe operarios a sus campos.

@arquimedios_gdl

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