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SERGIO PADILLA MORENO

Este sábado 2 de diciembre se cumplen cien años del nacimiento de María Anna Cecilia Sofía Kalogeropulu, conocida en todo el mundo como María Callas, una de las cantantes de ópera más importantes del siglo XX. Ella fue de ascendencia griega, aunque nació en Nueva York debido a que sus padres llegaron a Estados Unidos en agosto de 1923. María regresó a Grecia en 1937, donde comenzó sus estudios de canto.
María Callas hizo su debut formal en 1947 interpretando La Gioconda de Amilcare Ponchielli en la Arena de Verona bajo la dirección de Tullio Serafin, quien desempeñó un papel fundamental en su carrera. En dos años, su nombre se hizo ampliamente conocido en Europa después de sus interpretaciones en óperas como Turandot, Aida, Norma, Tristán e Isolda y Los Puritanos. Esto le abrió las puertas del legendario Teatro Alla Scala de Milán, donde obtuvo un gran triunfo interpretando el papel de Aida el 7 de diciembre de 1951, ganándose el apodo de “La Divina”.
Entre 1951 y 1952, María Callas cantó en México junto a los tenores Mario del Monaco y Giuseppe Di Stefano en el Palacio de Bellas Artes. Su interpretación de Aida es especialmente célebre, pues en una demostración del poder y la virtud de su voz, emitió varios agudos no escritos por Giuseppe Verdi, lo que causó molestias al tenor del Monaco.

Los años siguientes, especialmente entre 1952 y 1959, marcaron éxitos resonantes para Callas en teatros de Europa y Estados Unidos. Su última presentación operística fue en Tosca, en 1965, junto al barítono Tito Gobbi en el Teatro Covent Garden de Londres. En ese momento, ya mostraba signos de un desgaste considerable en su voz, no atribuible simplemente a las exigentes demandas físicas del canto, sino a problemas personales y emocionales profundos que la afectaron.

A principios de los años sesenta las noticias sobre María Callas dejaron de centrarse en los escenarios y captaron el interés del público en el ámbito social debido a su vida amorosa. En 1959 se divorció de su esposo Giovanni Battista Meneghini para iniciar una relación con el magnate griego Aristóteles Onassis. Sin embargo, este hombre la abandonó en 1968 para casarse con Jacqueline, viuda del presidente J.F. Kennedy, lo que sumió a Callas en una profunda depresión. A pesar de algunos intentos fallidos por regresar al mundo de la ópera como directora de escena o profesora de canto, su estado emocional continuó deteriorándose, llevándola a ingerir una sobredosis de medicamentos en mayo de 1970.

Los últimos años de su vida los pasó en París, sumida en una profunda soledad y depresión, donde falleció el 16 de septiembre de 1977, poniendo fin a una vida, pero marcando el nacimiento de una de las más grandes leyendas de la ópera de todos los tiempos. Lyndsy Spence, autora de una biografía de la cantante afirma: “Callas, la cantante, pudo ir por delante en el mundo de la música, pero María, la mujer, fue víctima de las circunstancias”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara –
padilla@iteso.mx
Maria Callas: Un gran destino (1998)
https://www.youtube.com/watch?-v=-0MlQwWnA40

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