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Dr. Ignacio Román Morales

¿Estaríamos mejor sin López Obrador? Depende a quién le preguntemos y de quién estuviera en vez de López Obrador. En todo caso, la respuesta no puede descontextualizarse del contexto pandémico, de la multiplicación de posturas absolutas (tanto a favor como en contra), de los juegos de interés económico y político que inciden en nuestro pensamiento y de la falta creencia en el poder que puede tener un gobierno para modificar radicalmente nuestra situación.

La crisis derivada de la pandemia es prácticamente global. Sólo algunas economías, como la de China, no han dejado de crecer, aunque hayan reducido marcadamente su crecimiento. Sin embargo, la caída de la producción en el 2020 fue muy superior al promedio mundial y latinoamericano, en tanto que la recuperación del 2021 fue inferior a tales promedios. En estos términos, el balance es negativo.

Sin embargo, el balance es positivo en términos financieros. Por primera vez desde los años sesenta del siglo pasado, nuestra inflación no es significativamente superior a la de los Estados Unidos, la paridad del peso se ha mantenido constante, han crecido significativamente las reservas internacionales, la deuda externa no se ha disparado y el déficit fiscal y con el resto del mundo tampoco lo han hecho.

Resulta paradójico que justamente en las variables críticas para las administraciones anteriores (las de la “estabilidad macroeconómica”) es dónde las cosas parecen ir mejor, mientras que en las variables productivas el resultado sea más negativo.

Tal parece que en términos financieros, ha predominado una lógica sumamente conservadora, exactamente contraria al discurso presidencial, y se ha preferido evitar un riesgo financiero mayor, aunque la producción esté en condiciones especialmente difíciles.

En términos sociales, la pobreza ha crecido –como en prácticamente todo el mundo-, aunque en proporciones menores a las imaginadas como resultado de la pandemia.

La distribución del ingreso tiende a mejorar, pero en un contexto de empobrecimiento generalizado. Es cierto que el gobierno ha luchado por proteger a la población más pobre, pero también lo es el que esta crisis parece favorecer a los corporativos más poderosos, pues tienen la posibilidad de absorber a los pequeños competidores has caer en bancarrota.

Por lo tanto, las capas medias han quedado “en medio del sándwich”. La estructura salarial es muestra de ello: una fuerte y positiva mejora del poder de compra de los salarios mínimos, pero una caída en el poder adquisitivo de los salarios medios, lo que combinado se traduce en una altísima concentración de las remuneraciones en el rango de uno a dos salarios mínimos.

Parece evidente que los grupos empresariales organizados promueven una crítica feroz al gobierno federal (en diversos casos con razones válidas), mientras que los defensores del régimen, lo hacen a capa y espada (y en muchos casos con buenos argumentos), pero tanto los críticos como los defensores tienen a negar las razones de las posturas contrarias, lo que no hace más que ahondar el descontento, promover un ambiente de inestabilidad, e impedir una posible influencia de la crítica constructiva en la toma de decisiones.

La crítica al gobierno proviene esencialmente de fuerzas que ven afectados sus intereses económicos particulares, pero eso es sinónimo de que todas las críticas sean incorrectas en términos de interés público. De igual modo, la defensa proviene los grupos sociales que se ven beneficiados, aunque no impide que también haya intereses sociales que están siendo afectados.

Qué bueno que el gobierno le haya otorgado una importancia real a la transferencia de recursos públicos en favor de múltiples sectores populares históricamente desdeñados, qué malo al mismo tiempo no se fortalezca la seguridad y libertad periodística para efectuar su labor crítica. Qué bueno que se promueva un pago más justo de los impuestos, qué malo que no haya un fortalecimiento real de las políticas de desarrollo científico-tecnológico, o de mayor apoyo a la diversidad cultural, a la equidad de género y a los derechos humanos de los migrantes.

Qué bueno que se haya promovido un gobierno austero, qué malo que no se facilite la denuncia a todos los actos de corrupción que subsistan y la crítica misma a la insuficiente transparencia en el entorno más inmediato de la presidencia.

Por último, el presidente está a años luz de ser todopoderoso. De hecho, cabría reflexionar sobre su poder relativo frente a los personajes más acaudalados del país. ¿Quién tiene más poder sobre México… AMLO o Carlos Slim?

Nos hace falta una crítica más fuerte, más argumentada y menos contaminada por la búsqueda de relaciones políticas favorables o por la defensa de grandes intereses financieros. Fortalezcamos nuestra crítica al gobierno sin que ello implique defender los intereses que históricamente nos han colocado en la difícil situación en que está la mayor parte de nuestro país.

Existen múltiples argumentos para establecer un juicio negativo hacia el gobierno actual.

@arquimedios_gdl

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