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Hermanas y hermanos en el Señor:

Un tema delicado, pero importante de tratar es el sacramento del Matrimonio que, tristemente, va teniendo manifestaciones cada vez más claras de una crisis profunda.
Esto lo vemos, primero, en no querer la sacramentalidad de la vida conyugal.
Muchos optan solamente por la unión temporal, libre, y ya no quieren recibir el sacramento.
Por otra parte, sucede que, muchas veces, los que viven el sacramento, desgraciadamente, al aparecer diferencias, solicitan la disolución del vínculo matrimonial, no obstante le hayan puesto mucho entusiasmo a la preparación religiosa, civil y festiva de su vínculo.
Por esta razón, es por lo que no nos debemos sentir dispensados de implementar, de trabajar muy fuerte en el proceso de preparación a la celebración del Matrimonio.

Siempre hay que apoyar a los fieles a resolver cualquier situación que se presente en este ámbito.

Como dice el Papa Francisco, hay que ayudar a resolver con un serio discernimiento, no con un impulso inmediato, rápido, a partir de la información que tengamos.

El discernimiento requiere de prudencia, de un espíritu de justicia, y de la práctica de la caridad pastoral que la Iglesia está comprometida a ofrecer a sus fieles en todas las circunstancias.
La vida cristiana tiene en su esencia la oración. No hay auténtica vida cristiana sin el ejercicio diario de la oración, no entendida como un rezo solamente de formas fijas, sino aquella que implica un acto de fe profundo y sincero en la existencia, paternidad y amor de Dios, y que en la confianza de su ser, Padre misericordioso, le tratamos lo que traemos entre manos.

La vida cristiana es una comunicación confiada en Dios, en la sencillez de hablarle a Él.
Si es esencial la oración para la vida cristiana, lo es más fuerte para quienes en la Iglesia prestamos un servicio a los hermanos, especialmente los que viven y quieren vivir bien su vocación matrimonial.

¿De dónde sacamos la inspiración para atender con prudencia, con justicia y con caridad a nuestros hermanos, en general, y en su vida matrimonial en particular? Sólo de Dios lo alcanzamos, por medio de la oración.

No nos extrañe que el Papa Francisco ponga el acento en la plegaria. Es un elemento esencial en la vida de la Iglesia. Pongamos en las manos de Dios a todas las familias, así como nuestra tarea en favor de esta institución fundamental para la sociedad. Además, promovamos la oración en las familias, necesaria para su fortalecimiento y para solucionar posibles conflictos.
Además, el Santo Padre ha estado hablando, desde hace tiempo, de sinodalidad, de la cual un elemento esencial es la escucha. Querer y saber escuchar al otro.
Cuando se trata de asuntos familiares, lo primero que, a veces solemos hacer, es enjuiciar y hasta condenar al otro.

Lo que debemos hacer, por principio, es escuchar, y una vez escuchando, podemos discernir y trazar un camino de solución.

Al escuchar con atención, no sólo al otro, sino también a quienes me pueden ayudar a discernir mejor y a solucionar una situación, es aprovechar su riqueza, con los criterios que me ofrezcan.
La oración, pues, así como saber escuchar al otro (sinodalidad) son dos elementos sustanciales para tener matrimonios de vida nueva, resucitados.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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