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misionero y apóstol de la inculturación

SERGIO PADILLA MORENO

El arte es un vehículo privilegiado para asomarse a la historia, pues gracias a la literatura, el cine, la pintura, la música y el teatro, por mencionar algunas expresiones, se puede acceder a verdaderas lecciones sobre hechos y personajes históricos, complementando a los libros especializados en esos temas. Y es que hace unos días pude disfrutar de la obra de teatro Matteo Ricci, dirigida por Jorge A. Vargas y Luis de Tavira, la cual se presentó en el auditorio Pedro Arrupe del ITESO. En el programa de mano se anunciaba que “las escenas de Matteo Ricci, misionero jesuita (1552-1610), recorren los episodios de la aventura de un jesuita humanista en el corazón de la China de los Ming: la odisea marítima, las misiones de oriente, los aprendizajes, la superación del eurocentrismo, la universalidad de la ciencia, hasta alcanzar la amistad de las culturas. Al evocar el acercamiento al misionero que busca hacerse todo a todos, también se hace memoria a los jesuitas asesinados recientemente en la Tarahumara”, pues el pasado 20 de junio se cumplió un año del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, en hechos ocurridos dentro del templo de la comunidad de Cerocahui, Chihuahua, cuando ambos salieron a defender a Pedro Palma, guía de turistas en la región, de un sujeto que apodaban “El Chueco”.
Yo no conocía la vida del jesuita Matteo Ricci, pero gracias a lo que se presentó en la obra de teatro me surgió el interés por ahondar más en su biografía y quedar, por decir lo menos, altamente sorprendido con su testimonio vida. Quizá muchos hayamos escuchado la historia de San Francisco Javier, primer jesuita en ser destinado a las misiones por el propio San Ignacio de Loyola, quien logró llegar hasta Japón, pero encontrando la muerte antes de entrar a China. Matteo Ricci tomó la estafeta misionera, pero con una estrategia totalmente diferente a los anteriores jesuitas, pues él entendió que las misiones se hacían desde la equivocada lógica de transmitir -imponer- la cultura europea en esos países orientales, pues se esperaba que la conversión a la fe cristiana se diera a la par de asumir la cultura propia de Europa, exigiendo la renuncia a su cultura nativa.
Con esta estrategia las conversiones eran muy pocas. Matteo Ricci entendió profundamente, a partir de las enseñanzas del misionero jesuita Alessandro Valignano, que los jesuitas occidentales se tenían que adaptar profundamente a la cultura de los pueblos y no al revés.
Gracias al enorme esfuerzo y empeño que puso a partir de su pasión misionera, aprendió el idioma chino, se vistió con la túnica de seda apropiada y se dejó crecer el cabello y la barba. Los propios chinos le llamaban Li Madou.
Una de sus estrategias más importantes fue profundizar en las enseñanzas de Confucio para dialogar desde allí con los chinos sobre el cristianismo, logrando importantes conversiones.

Gracias a todo esto fue creciendo la fama de Ricci y, después de muchas vicisitudes pudo llegar a Pekín, donde murió el 11 de mayo de 1610.

El autor es académico del
ITESO, Universidad Jesuita de
Guadalajara – padilla@iteso.mx
MATEO RICCI,
UN JESUITA EN CHINA
https://www.youtube.com/watch?v=sX2zJXjcenQ
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