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No debemos pasar por alto el papel que jugaron los Medios de Comunicación en las pasadas elecciones en México.
Aunque no podemos analizar exhaustivamente el rol que tuvieron en los recientes comicios en este espacio, no debemos ignorar la actividad que llevaron a cabo en materia de información electoral.
Los análisis pueden ser de diferente tipo. Afortunadamente algunos organismos nos ofrecen sus juicios de calidad o datos numéricos al respecto para profundizar en el tema.
Una de las cosas importantes –no la única ni la más- es deducir de qué color se pusieron la camiseta y cómo la presumieron, la disimularon o la intentaron disimular.

Algunos Medios de Comunicación se quitaron cualquier máscara y se dedicaron a presentar cosas maravillosas del partido y/o candidato que defendían.

En sus notas había de todo (verdades, posverdades y mentiras), con tal de quedar bien con el postulado.
Si había dinero u otro interés de por medio solo ellos lo saben. Pero lo que sí sabemos todos es que eso no es periodismo y, por lo tanto, la sociedad y el bien común no importaron. Si logró colocarse su defendido en algún puesto por el que compitió, salieron “ganando”, pero eso sí, perdió otra vez la democracia, la ética y los ciudadanos.
Y no solo en tiempo de elecciones.
Por desgracia, todavía vemos que algunos Medios de Comunicación se han convertido en pasquines del gobierno. Sus notas parecen boletines de prensa que difunden todo y solo lo más bonito del gobierno federal o de algún gobierno estatal o municipal.
No todo mundo mediático se maneja así, por fortuna.
Pero es un aspecto que no quedó en la congeladora, sino que está encendido en el horno de la corrupción, que

perjudica el trabajo de quienes sí quieren hacer las cosas bien.
En el periodo electoral, por otra parte, también encontramos Medios que atacaban partidos o candidatos sin presentar sus fundamentos. No es que ese mundo de la política esté libre de culpa, pero cuando se quiere dañar solo porque se trae el micrófono en la mano o porque se considera un enemigo, esto tampoco es periodismo.
Sabemos que nunca se puede garantizar una objetividad completa en la presentación de la información, y menos en un proceso electoral, por todos los condicionamientos, intereses, conveniencias y ahora, además, amenazas que están en torno a las campañas, pero tampoco podemos mentir sin tapujos, esconder cosas sin vergüenza.
Para algunos Medios, el receptor pasó a ser, consciente o inconscientemente, una víctima, un cómplice, una presa o una pieza de consumo de la comunicación.
Otros Medios, aprovechando la inercia (¿y el poder?) de las redes sociales, encontraron aquí la posibilidad de querer influir determinantemente en el elector.

Pero también nos dimos cuenta de que, independientemente de que algunos Medios hayan tomado partido, ninguno pudo influir decisivamente en la voluntad de los electores. Sí ha sucedido, pero ahora no pasó en México.

Los votantes ya traían su inercia, se sentían ‘agradecidos’, y esto definió su voto. Todos los graves problemas, tan difundidos por los Medios, que sufre nuestro país, no contaron.
No es que las personas no sigan los Medios de Comunicación, sino que simple y sencillamente los ignoraron.

@arquimedios_gdl

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