upc4

ABEL CAMPIRANO MARÍN

Tres presidentes, tres países, tres gobiernos democráticos, los tres latinoamericanos y un enemigo común: la delincuencia, dos aprobados y uno reprobado.
Tres formas distintas de abordar el problema para encontrar una solución, dos radicales y una moderada con resultados muy diferentes.
La estabilidad de los gobiernos se ve seriamente afectada cuando la delincuencia perturba la paz de la sociedad, y peor aún, cuando pretende controlar el poder y ejercerlo de facto, aunque de iure se encuentre debidamente constituido, pero tomado por fuerzas antes furtivas y clandestinas, y ahora completamente manifiestas.
La lucha de Nayib Bukele contra los delincuentes rebasó los límites de la prudencia, y sobrepasó los principios universales de los derechos humanos que en el caso de la delincuencia incuestionablemente los tiene y deben ser respetados porque son prioritarios frente a las políticas públicas, pero le ha regalado la paz y la seguridad a los salvadoreños.
Daniel Noboa, sigue ese mismo camino en Ecuador y su lucha ha encontrado el apoyo incondicional, no sólo de los propios sino del Consenso de Brasilia, integrado por once países sudamericanos. En un comunicado difundido por la Cancillería Peruana, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Surinam, Paraguay, Perú, Uruguay e incluso Venezuela, transmitieron su explícito e inequívoco respaldo y solidaridad al pueblo y a las autoridades de Ecuador, país miembro del Consenso, contra el accionar de la delincuencia organizada”.
Perú anunció un mega operativo en sus 68 cárceles para evitar insurrección de las medidas de seguridad tras la violencia manifiesta en Ecuador. Colombia desplegó tropas en su frontera con Ecuador para evitar cualquier intromisión de grupos de la delincuencia en su territorio. Es decir, los gobiernos se dan cuenta del problema y atienden de inmediato su solución mediante políticas preventivas y no reactivas.

Por su parte, nuestro Presidente López Obrador es totalmente opuesto. Su gobierno ha instrumentado una política de Estado más que moderada frente al fenómeno antisocial de la delincuencia, bajo la instrucción de “abrazar a los delincuentes porque también son personas y tienen derechos humanos” y con la peregrina idea de acabar con ella combatiendo sus causas mediante la creación de empleos para los jóvenes que son susceptibles de sucumbir a la atracción del poder, placer y riqueza por medios ilícitos.

Para ello, instruyó a las fuerzas del orden a ser condescendientes. ¿El resultado? 170 mil muertos y más de 30 mil desaparecidos, cifras vergonzosas en un país que se precia de tener orden y Estado de derecho.
La disminución de los actos delictivos en El Salvador avala la política del Presidente Nayib Bukele; la lucha abierta y decidida contra las redes de la delincuencia en Ecuador, ha merecido el apoyo del grupo sudamericano al presidente Daniel R. Noboa; en cambio la desesperante pasividad y ambigüedad del gobierno del Presidente López Obrador merece una clara nota reprobatoria por su extrema condescendencia con el crimen, y merece nota reprobatoria con el agravante de concluir que el Estado ya se vio superado por la delincuencia o es cómplice de ella.
Ayer era meliflua esperanza, hoy es una amarga decepción. Pax Tecum.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.