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PBRO. MIGUEL GONZÁLEZ GÁMEZ

La mañana del 22 de abril de 1992 se abrió una herida en nuestra ciudad que al tiempo ha ido cicatrizando y que, por desgracia, va quedando en el olvido. Ya son 32 años en que el suelo de las calles del sector reforma explotó, dejando una huella imborrable en muchos vecinos del barrio de Analco.
Hace 32 años amanecimos con un abismo abierto entre gobernantes y pueblo. Las explosiones constituyeron el eco del otro estallido, fundamentalmente social y gubernamental, que empezó a mostrar la descomposición del tejido político.

El sociólogo Jorge Alonso ha señalado que la cifra del número de muertos dada por el gobierno no fue creída. Los testigos tenían la percepción de una gran cantidad de cuerpos destrozados que el gobierno no contabilizaba oficialmente. “Cada casa perdida representaba un hogar, una historia de una familia con sus afectos, sus recuerdos, sus bienes adquiridos a través de años de trabajo y esfuerzo familiar”, e indicó que no sólo fueron dañadas calles y casas. Se destruyó en parte un barrio con mucha historia.

Por eso, este lunes 22 de abril de 2024 los vecinos, sobrevivientes y socorristas que intervinieron en la tragedia, se reunieron en el Memorial en la calle Gante para recordar, honrar y orar por las personas que fallecieron y las personas que sobreviven con secuelas. La celebración Eucarística fue presidida por Monseñor Engelberto Polino Sánchez, Obispo Auxiliar de Guadalajara, y concelebrada por los Sacerdotes Miguel González Gámez y Fabián Estrada Campos.
Esta celebración debe de ser parte de la memoria de los que habitamos en esta ciudad para que no vuelva a suceder. La exigencia de justicia sigue en el ánimo de las personas que sufrieron estos acontecimientos. El repudio a la negligencia de las autoridades y a la complicidad que causo esta tragedia no tiene que olvidarse y generar una conciencia sobre una responsabilidad de las autoridades y en especial en este tiempo de elecciones donde todos los candidatos se nos presentan como los que tienen todas las soluciones a todos los problemas.
En la homilía, Mons. Polino preguntó a los asistentes por qué estaban ahí, en la celebración Eucarística, y brotó el torrente de los corazones para agradecer a Dios el estar ahí, y pedir por las personas fallecidas y v las víctimas de ese triste día que conmocionó a la sociedad y pueblo tapatío. Y señaló “Están aquí personas que superaron aquella tragedia hace 32 años, y vienen aquí a recibir el alimento y fuerza de Cristo, el Buen Pastor”.
“Recordar a los que se fueron y perpetuar su memoria”, fue la frase que prevaleció en el corazón de los familiares,
y asistentes en esta “Capilla Memorial”, como lo señala el Padre Gustavo Alexis Márquez, que tiene a su cuidado a esta porción del pueblo de Dios y que atendió a los periodistas y medios de comunicación convocados.

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