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Alfredo Arnold

En primer lugar, expreso mi condena al Gobierno de Ecuador por el allanamiento a la Embajada Mexicana en Quito. Esa no es la forma de dirimir las diferencias entre naciones, por más profundas que estas sean.
México, en su corta historia independiente de apenas 203 años, ha sido sujeto directo de invasiones extranjeras, pero también de rompimientos por nuestra parte.
Si la memoria no nos falla, la ruptura de relaciones diplomáticas con Ecuador es la quinta que ocurre en menos de un siglo. El gobierno de Portes Gil rompió con la URSS en 1930, en oposición al régimen comunista; Lázaro Cárdenas rompió con España en 1939 por la dictadura franquista; Luis Echeverría, en 1974 contra la Nicaragua de Somoza; López Portillo contra Chile, en 1979, por el golpe de Estado a Salvador Allende, y ahora López Obrador contra Ecuador.
Lo anterior, además de las obvias rupturas con los países del Eje: Alemania, Italia y Japón, durante la Segunda Guerra Mundial.

El siglo XIX no estuvo exento de conflictos, ya que además de romper relaciones con el Estado Vaticano en tiempos de Juárez, nuestro país fue víctima de invasiones o intentonas por parte de España (invasión de Barradas) y Francia; de nuevo España, Inglaterra y Francia, por la moratoria a la deuda externa; el establecimiento del Imperio de Maximiliano y la alevosa intervención de Estados Unidos que nos costó perder la mitad del territorio.
En el siglo XX hubo otras dos invasiones norteamericanas: la ocupación de Veracruz en contra de Victoriano Huerta y la expedición punitiva de Estados Unidos contra Pancho Villa.

El saldo ha sido terrible en pérdida de vidas humanas y territorio.
Hoy, lamentablemente, el discurso presidencial ha sido muy beligerante en materia de Relaciones Exteriores. La crítica unilateral desde la Mañanera ha sido implacable: contra España, por la Conquista; contra Bolivia, en defensa de Evo Morales; contra Perú, por la destitución de Pedro Castillo; contra Ecuador, por el resultado electoral; contra Austria, por el Penacho de Moctezuma; contra el Parlamento de la Unión Europea; contra Francia, por la comercialización de piezas prehispánicas; contra Argentina, por la personalidad de Javier Milei; contra Canadá, por diferentes razones, y contra Estados Unidos, a cuyo presidente Biden le boicoteamos su Cumbre de la Democracia.
Contra, contra y más contra…

Desde la Mañanera se ha hablado en contra de la OEA, de la ONU, de los organismos internacionales; por eso perdimos la elección de presidente del BID, por eso nadie tomó en serio las propuestas de nuestro mandatario en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Esto no contribuye; al contrario, resta, al mantenimiento de la frágil paz en la región y el mundo. La invasión de Rusia a Ucrania; el ataque del grupo terrorista palestino y la draconiana represalia israelí, y las dictaduras de Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Díaz-Canel y Vladimir Putin, son un ejemplo palpable de lo mal que está el mundo.
Lo peor es echarle más leña al fuego.

Hasta ahora, todos, menos el inexperto e imprudente presidente ecuatoriano Daniel Noboa, han “bateado” las críticas de la Mañanera, pero llega el momento en el que una gota derrama el vaso. Imagine usted a alguien que se la pasa gritándole ofensas a sus vecinos por lo que estos hacen o dejan de hacer en sus casas, llegará el momento en que alguno de ellos responderá violentamente.
Conviene recordar e imitar al ex canciller mexicano, el michoacano Alfonso García Robles, galardonado en 1982 con el Premio Nobel de la Paz. Incluso el impetuoso Luis Echeverría, aunque no lo ganó, hizo denodados intentos por ser nominado.
El célebre Tratado de Tlatelolco que proscribe las armas nucleares en América Latina, firmado en 1967 (curiosamente el 14 de febrero, día del amor y la amistad), ha sido una de las grandes aportaciones de México a la paz. De aquel liderazgo ya no queda nada.

La vocación pacifista de México llegó a ser reconocida en el orbe, cosa que ya no ocurre; la Mañanera y su eco entre los legisladores del oficialismo, son responsables de ello. Ojalá que esto se modifique, si fuera posible, en este mismo sexenio.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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