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SERGIO PADILLA MORENO

En el contexto de la celebración de los 450 años del arribo de los jesuitas a México, quienes llegaron
a estas tierras en septiembre de 1572, quiero compartir con ustedes, amables lectores, qué ha significado la Compañía de Jesús en mi vida personal y profesional.
Ahora que estoy en mi quinta década de vida, veo hacia atrás el camino y puedo afirmar, como me dijo un buen amigo, que en materia de ecumenismo dentro de la Iglesia sé de lo que hablo, pues he abrevado, por diversas circunstancias, en distintas espiritualidades y caminos de formación en el conocimiento y seguimiento de Jesús de Nazaret. En mi niñez y adolescencia estudié la Primaria y Secundaria con los salesianos en el Colegio Anáhuac Chapalita. Más tarde, hice la Preparatoria en el HYCIG, colegio de los Misioneros del Espíritu Santo. La carrera universitaria la hice en la Universidad Panamericana, donde tuve la oportunidad de conocer muy de cerca al Opus Dei. Después, durante más de seis años estuve formándome como religioso con los ya mencionados Misioneros Espíritu Santo, congregación que dejé en 1997. Ya casado, en abril de 1999, comencé mi camino en dos importantes proyectos de formación jesuita: primero como administrador en el Instituto Libre de Filosofía (ILFC) y después, desde agosto de 2003, en el ITESO, concretamente en el Departamento de Filosofía y Humanidades (DFIH), donde colaboré por casi tres lustros.

Mi relación con los jesuitas está marcada por varios aspectos. Uno significativo es que, durante mi paso por el ILFC y en el DFIH, mis jefes fueron jesuitas, y a cada uno de ellos les debo mucho por el aprendizaje, acompañamiento y exigencias que me forjaron humana y profesionalmente.
Vaya mi agradecimiento a los PP. Carlos Cervantes, Pedro de Velasco, Héctor Garza y Arturo Reynoso. Otro
tanto debo agradecerles a los jesuitas con los que me tocó colaborar en ambos proyectos, como el muy querido P. Jorge Manzano, quien también fuera mi maestro, así como los PP. Jorge Dávalos, Javier Martínez y Jesús Vergara, por mencionar algunos de los muchos nombres que llevo en el corazón. A lo largo de los más de veinte años en estos proyectos, he sido testigo del caminar de muchos jóvenes a quienes conocí como escolares jesuitas en formación y que ahora son Sacerdotes o que pronto
llegarán a serlo.

Le agradezco a los jesuitas que, a lo largo de estos años, me hayan acercado a la espiritualidad ignaciana,
además de mostrarme un rostro de Iglesia comprometido con la justicia y la búsqueda de poner, en muchos de los ámbitos en los que vivimos, el amor más en las obras que en las palabras. Pero también me ha permitido conocer la dimensión humana y de sombras que todos tenemos, pues los jesuitas saben, por su propia historia personal y común, que llevan un tesoro en vasos de barro, y ello invita a permanecer abiertos al discernimiento para vivir en estado de conversión y crecimiento constante, desde la clave del magis ignaciano.


El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx
Jesuitas: Fe y Mistagogía con Alexander Zatyrka SJ

https://www.youtube.com/watch?-v=_9YvR8eMUaI

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