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Sergio Padilla Moreno

Obertura: agradecimientos

Abro este texto expresando mi gratitud al Mtro. Román Ramírez, Coordinación de la Sección Editorial del Semanario, por dos invitaciones en las que él ha tenido que ver. La primera de ellas fue hace ya más de cuatro años, cuando me invitó a escribir una columna donde se aborden temas de arte, especialmente centrados en la música, lo que dio origen a la columna Ars Cordis. La segunda invitación es la que me hizo hace unos días a compartir unas palabras en el contexto de la celebración por los 25 años de la Pastoral de la comunicación y del Semanario.

También agradezco al Consejo Editorial del Semanario, especialmente al P. Antonio Gutiérrez Montaño, su apoyo y valoración de mi trabajo, así como a las editoras Sonia Gabriela Ceja y Norma Angélica Trigo por sus finas y amables atenciones. Finalmente, expreso mi gratitud al Mtro. Bernardo García, director del Departamento de Formación Humana (DFH) del ITESO, por apoyar mi participación en el Semanario como parte de mis encargos de trabajo, al ser un medio privilegiado para compartir reflexiones que van en la línea del propio objeto estudio.

Finalmente, el más importante de los agradecimientos: a las y los amables lectores, ya sea en la edición en papel o en electrónico.

Primer movimiento: ¿Qué busco al escribir?

Uno de los más grandes privilegios que tengo en la vida es poder compartir con otras personas aquello que me gusta o que me ha inspirado a disfrutar y llevar con la mayor plenitud el don de la vida. Esto es lo que da razón y explica mis colaboraciones, desde septiembre de 2017, pues me ha permitido compartir, así sin más, dos de mis pasiones: el arte y la espiritualidad.

Segundo movimiento: el arte

Yo no puedo entenderme como persona sin mi afición y pasión por diversas manifestaciones artísticas, especialmente la música clásica y la ópera, que han inspirado muchas de mis colaboraciones de Ars Cordis. En estas manifestaciones artísticas he encontrado la belleza, por supuesto, pero también me ha permitido asomarme a los abismos de la mente y corazón de muchos compositores, pues yo no puedo desligar la obra de la vida. Esto último me ha inspirado a hablar de compositores como Mozart, Beethoven, Verdi o Mahler, por mencionar algunos. Otro tanto puedo decir de otras expresiones de arte como el cine o la literatura, que también han inspirado varios de mis textos. Así como nos configura corporalmente lo que comemos y respiramos, es indudable que la música, las óperas, las películas y las novelas leídas, en diferente grado e intensidad, son parte de mí y eso es lo que comparto.

Tercer movimiento: la espiritualidad

Tampoco puedo entenderme sin la influencia de los diversos caminos espirituales que me han marcado, especialmente la espiritualidad ignaciana, en la que he abrevado desde hace algunos años y que han inspirado varios de mis textos. Pero también mis escritos han servido para reconocer y honrar a dos de mis maestros: el P. Pablo d´Ors y el P. Javier Melloni SJ, cuyos escritos y ponencias, así como lo compartido con ellos a través de algunas charlas directas y correos electrónicos me han marcado profundamente.

Coda: algo que no podemos olvidar

En línea con lo que implica la escucha de la música, no solamente oírla, pongo aquí las palabras del Papa Francisco como inspiración para quienes integramos este proyecto: “lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

@arquimedios_gdl

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