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Cristina Elizabeth Día Morales

Mujeres Solidarias

Estela pudo recuperar el cuerpo de su hijo y regresarlo a casa, y sigue ayudando a buscar a las otras mamás que la apoyaron en su búsqueda. “Yo ya tengo a mi hijo y puedo ir al panteón a visitarlo, pero faltan los hijos de ellas, yo estaré para ellas, para ayudarlas”.

“En este camino, te enseñas a querer a los demás, porque ves a la mamá que está sufriendo y que lleva su foto por todos lados, preguntando a la gente por su hijo, buscando y yo digo: yo ya encontré a mi hijo, pero falta el tuyo”.

Como Estela, hay cientos, miles de mujeres que buscan a su hijo, hija, esposo, padre o familiar, a ellas les dice: ”¡No se rindan!, porque una madre no olvida nunca a su hijo y uno sabe que es parte de nuestro corazón, que lo tuvimos en nuestro vientre y es carne de nosotros y así como por primera vez lo tuvimos en nuestros brazos, así tienen que volver para abrazarlos, que no se rindan y que ojalá Dios las ponga en el camino correcto para encontrar a su niño y regresarlo a casa”.

“Yo quisiera estar muerta, yo quisiera irme con él, pero mis otros dos hijos me detienen, porque pienso: ¿qué va a ser de ellos? Ya se fue su hermano y al irme yo, pienso ¿qué sería de ellos?, mi amor por ellos dos me hace seguir de pie”.

 EL COMPROMISO DE LA IGLESIA ES ESTAR CERCA DE LAS MADRES BUSCADORAS

¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.” Lucas, 15

Acompañar, escuchar, apoyar, consolar, son pequeñas acciones que pueden ayudar a las personas a transitar en su dolor, sobre todo en situaciones tan complejas como es el tema de las desapariciones.

Parte de la misión de la Iglesia es estar cerca y acompañar a las personas que están viviendo procesos de sufrimiento, de dolor, especialmente cuando esos procesos tienen que ver con situaciones que abarca un entorno social y nos implica a todas las personas, es ahí en donde se requiere un acompañamiento de la Iglesia compasivo y que las anime a mantener la esperanza, a creer en la presencia de Dios en sus vidas, explica el padre Pedro Antonio Reyes Linares.

Hermanadas por el dolor forman comunidad

El sacerdote jesuita, considera que para la Iglesia, las madres buscadoras también se vuelven una fuente de aprendizaje: lo que ellas van descubriendo en su propio caminar, en sus propios trabajos, en la manera en que van construyendo su comunidad, en donde se ayudan e impulsan en sus búsquedas, “también nos van enseñando como Iglesia, cómo tenemos que abordar  comunitariamente nuestro sufrimiento, nuestras situaciones difíciles y generar modelos de comunidad que nos permitan vincularnos más efectivamente”.

Al igual que sucede con otros grupos en donde el dolor los une, como en los casos de guerra por mencionar un ejemplo, muchas buscadoras no se conocen entre ellas, pero aprenden a confiar unas con otras, aprenden a hermanar sus dolores, sus búsquedas, sus problemas y al encontrarse en grupos de búsqueda, aprenden a apoyarse.

@arquimedios_gdl

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"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

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