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LAURA CASTRO GOLARTE

Resulta que la democracia, un sistema político y de gobierno muy antiguo, que ha sido modificado y perfeccionado a lo largo de los siglos en el mundo, está amenazada. Es curioso, pero esta idea no es para nada nueva y la vino a confirmar un politólogo joven, cuya claridad celebro y comparto: Elvin Calcaño Ortiz, dominicano, quien recientemente estuvo en el Tec de Monterrey Campus Guadalajara, como ponente. De hecho, se encargó de la conferencia inaugural titulada “El incierto futuro de la democracia ante la explotación del miedo”.
Fue en el marco del XIV Congreso de Relaciones Internacionales que organizan alumnas de esa universidad, con la participación de estudiantes de otras instituciones educativas y un quórum verdaderamente alentador, no sólo por la asistencia numerosa, sino también por el entusiasmo y las preguntas inteligentes que me tocó escuchar. Felicidades por eso.
Mientras el ponente desarrollaba el tema, la verdad es que, como si fuera un modelo para armar, empecé a encontrar las asociaciones perfectas con lo que vivimos en México, de manera que nuestro entorno político electoral denso, violento, polarizado, banalizado, no es exclusivo sino resultado de tendencias que de pronto se confirman en un país y en otro, independientemente de la ubicación en el espectro ideológico de quien al final resulte ganador.

¿Qué amenaza a la democracia? No es el populismo, dijo; ni tampoco el autoritarismo tradicional. Dependiendo de quien ejerce el gobierno y cómo se practica, incluso son formas de gobierno que pueden ser democratizantes. ¿Entonces?
Con una serie de antecedentes históricos y de ciencia política, por demás interesantes, el Dr. Calcaño identificó dos grandes amenazas que podemos identificar fácilmente para México: primera, “la despolitización promovida como valor”; y segunda “el paradigma comunicativo que imponen las redes sociales”. Se dicen fácil, sin embargo, encierran una complejidad que definitivamente invita a la reflexión para saber con precisión qué y quiénes en México amenazan a la democracia.

La primera amenaza tiene que ver con vaciar de contenido trascendente el discurso político, desdeñar su anclaje histórico; y enarbolar la libertad no como un valor, sino como un producto, como un consumible que permite competir en el mercado. Explicó el ponente el concepto de racionalidad economicista, que le resta sustancia y profundidad a la política. Esto repercute en que las campañas políticas se enfoquen en la exaltación de la incertidumbre, del miedo y, en general, de emociones, un estadio en el que cualquiera, es manipulable y manipulado. Esto sí amenaza a la democracia.
Y la segunda, en el contexto preciso en el que estamos en el mundo, con medios de comunicación y redes sociales con determinadas características que conocemos, vivimos, usamos y padecemos, “la verdad es sustituida por efectos de verdad” y se abren “nichos de confirmación ideológica que ven al otro como enemigo” en actitudes que bordean lo extremoso, es decir, las contiendas político–electorales han dejado de ser una fiesta cívica, esto en México y en muchos otros países, para convertirse en oportunidades para profundizar las divisiones y alimentar el odio, sí, a ese nivel. Después de los comicios no es que uno haya ganado y otro haya perdido y los ciudadanos se vayan tan tranquilos a sus casas a seguir con sus vidas. Las divisiones empeoran y no las causan los políticos ni los partidos, ellos representan a sociedades de por sí divididas. ¿A alguien le suena conocido?
El ponente no quiso referirse específicamente a México, aunque conoce el caso, porque los ánimos están muy caldeados en esa materia, no obstante, de su participación se pueden extraer lecciones que nos pueden ser muy útiles como ciudadanos, pensando sobre todo que estamos a escasas dos semanas de las elecciones presidenciales y que vivimos un contexto complejo y estridente.
Primero, calma ante todo. Segundo, cuidado con las noticias falsas y superficiales. Tercero, ojo con los discursos que apelan a las emociones, pero que en realidad están vacíos, sin contenido trascendente. Cuarto, hay que evitar mensajes que propician miedo, incluso con afirmaciones que parecen contrarias; y protegernos contra mensajes que invitan al odio. Quinto, busquemos la verdad y un anclaje histórico.

En estas amenazas que penden sobre la democracia, hay muchos lobos vestidos de ovejas que de esa manera buscan los “efectos de verdad”, pero no la verdad; y que promueven que cunda “un sentido común de época que valora poco la democracia”, aunque se erijan en sus “defensores”.
El ejemplo más claro, total y absolutamente reprobable, lo tendremos hoy, con la convocatoria a una marcha rosa que usa impunemente los colores y la tipografía de la autoridad electoral, como un ardid que apela a emociones, que manipula y desinforma, para causar “efectos de verdad” con base en trampas y engaños. Encaja el ejemplo, perfecto, como en un modelo para armar, en las dos verdaderas amenazas contra la democracia.

@arquimedios_gdl

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