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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Hay un dicho que reza: “las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra”. Cuando se habla de conversión, tanto a nivel personal como pastoral, debemos contar con la fuerza del ejemplo; de igual forma, la renovación eclesial se facilita cuando hay un esmero compartido entre los agentes de pastoral. En este sentido, en más de alguna ocasión, el Papa Benedicto XVI decía, refiriéndose a la vida cristiana en general, que un ambiente positivo y cristiano facilita la respuesta personal, así como un ambiente social hostil al Evangelio la dificulta. Por esta razón es importante, en todo proceso pastoral, ser conscientes de que necesitamos motivarnos al tomar consciencia de que sí se puede vivir como discípulos misioneros, que hay muchas personas que se esfuerzan por
corresponder a la gracia divina, que el Espíritu actúa, actualmente, como siempre ha actuado en la Iglesia con abundantes frutos. Es importante darnos cuenta de que el ideal no se puede perder en vagos deseos irrealizables, sino que se vive en acciones concretas y pequeñas, pero que van encaminadas a lograr el objetivo deseado.

La motivación es el motor interior de la voluntad a realizar una tarea. Se llama motivación porque existe un motivo, una causa final que tensiona y hace que todo se desarrolle hasta alcanzarla. Nuestro gran motivo es la salvación en Jesucristo, Él debe ser nuestro motor y nuestra meta; nuestra mirada está puesta en Él y sólo en Él; en Él todo adquiere sentido y sin Él todo lo pierde, aunque podamos tener muchos recursos humanos o estemos engalardonados de los más altos títulos, pues sin Cristo todo eso es basura.

A veces, nuestras motivaciones se ven coartadas por una visión negativa de la realidad y de la Iglesia; nos desaniman los escándalos, la burocracia de nuestras instituciones, la pérdida de fieles, la poca respuesta de los agentes. El Papa Francisco señala que una tentación permanente en los agentes de pastoral es la murmuración, que es la manifestación de las frustraciones personales, de las envidias y los prejuicios. A nivel social, quizá consideramos que el ambiente hoy es muy difícil; pero la evangelización nunca ha tenido un contexto cien por ciento favorable… ni cien por ciento desfavorable. Qué hermoso cuando, con sencillez, hablamos de las obras de Dios y damos testimonio de su misericordia; cuando compartimos con alegría nuestros recursos, nuestra creatividad; cuando hay comunicación en los equipos eclesiales y se comparte cómo Dios sigue actuando. Qué motivante cuando hay apertura para compartir y recibir las pistas o intuiciones pastorales que han sido eficaces en la misión de la Iglesia. Para que se dé la pretendida y necesaria renovación eclesial, nuestras reuniones de Decanato pueden convertirse en ese compartir de experiencias evangelizadoras, dando la gloria a Dios y evitando un malsano protagonismo. Compartir experiencias será uno de los recursos más eficaces para motivarnos al emprender la Gran Misión de la Misericordia, dejar que nuestro conocimiento doctrinal de la Iglesia se enriquezca con la práctica pastoral compartida.

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Papa Francisco

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