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La ciudad es ante todo espacio público, mezcla de personas y actividades sociales, productivas y culturales, donde la movilidad inicia desde que salimos de casa.
La ciudad considerada como el lugar de las iniciativas, de las oportunidades y las libertades individuales y colectivas se convirtió en una utopía.
Una utopía donde se podía unir el pasado con la memoria y los proyectos del futuro le daban sentido al presente. Las calles estarían llenas de recuerdos, sentimientos y momentos comunitarios enlazados con edificios, monumentos, tramas y el espacio público. Entonces ¿qué es lo que ha pasado con la utopía de la ciudad para la gente?
La ciudad de Guadalajara se re-diseñó a partir de los años 80, tomando en cuenta la escala del modelo del auto, sus necesidades espaciales y su velocidad, quedando de lado las necesidades de convivencia social.
En esta jungla urbana, a pesar de que las personas son elemento principal, no son las protagonistas de la ciudad, sino el automóvil, como estatus de progreso.
Esto ha resultado en la deshumanización del espacio público, donde las calles pasan, de ser espacios de encuentro entre las personas, a arterias de paso de vehículos motorizados.
El diseño de los espacios urbanos, con base en el desarrollo inmobiliario, y con vías de movilidad que excluyen a los ciudadanos al no tomarlos en cuenta, introducen una pérdida de calidad de vida.Sin duda, la solución vial para la ciudad debe ser integral, porque no sólo la Avenida López Mateos está colapsada. Se necesita un ejercicio ciudadano-autoridades continuo para construir e incidir juntos en el espacio urbano que requerimos, y que no sólo se escuche a los transportistas y desarrolladores inmobiliarios.

La inversión de las obras destinadas al automóvil dentro del plan de Movilidad del área Metropolitana de Guadalajara, se ubican en más de mi 200 millones de pesos; mientras que las destinadas a la movilidad peatonal sólo representan una inversión de 91 millones de pesos.
Aunque las unidades del transporte público se han renovado, y ha mejorado positivamente la percepción del servicio del transporte público, los camiones siguen circulando abarrotados, el acoso continúa dentro de las unidades, conductores maleducados e insensibles, jugando a llegar primero. Sigue la percepción de que, en Jalisco, la movilidad es un negocio y no un derecho de los ciudadanos.

El Macro-periférico y el Tren Ligero han mejorado su infraestructura, pero no están garantizando la seguridad a personas vulnerables. Se insiste que hace falta mayor adaptación del sistema de transporte para personas en situación de discapacidad o adultos mayores.
La inclusión y la movilidad no solamente se debe quedar en el discurso, sino en acciones para mejorar y dar un buen servicio a todas las personas.
Son los ciudadanos los que utilizan y transforman la ciudad diariamente y sus necesidades son olvidadas en la planificación urbana, con obras que no se socializan suficientemente.
Expone el Papa Francisco, en Laudato Si, que la raíz de la crisis de todo tipo en las ciudades es profunda, y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. La educación y la formación siguen siendo desafíos básicos: “todo cambio requiere motivación y un camino educativo”, enfatiza, y explica que el punto de partida es “apostar por otro estilo de vida”, que abra la posibilidad de “ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social”.

@arquimedios_gdl

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