upc4

Sergio Padilla Moreno

Este Domingo de Pascua es importante reconocer, desde la fuerza y profundidad de la fe, que a pesar de los vientos de muerte, violencia, dolor y confrontación que recorren el mundo, y especialmente en nuestro México, hay esperanza para que la vida se manifieste plenamente en nuestras vidas (Juan 10, 10).
En 1968, el Papa Pablo VI se refirió a América Latina como el “continente de la esperanza”. Pero para muchos no está claro si seguimos encendidos en la esperanza cuando volteamos a ver la realidad de nuestros pueblos, pues vemos rostros de dolor de muchos de nuestros hermanos en Venezuela, en Argentina con su terrible crisis económica y política, en muchos países de América Central que viven situaciones de negación hacia la dignidad humana y donde sus ciudadanos no tienen más remedio que emigrar con riesgo e incertidumbre en busca del llamado “sueño americano”. México vive en medio de escaladas de violencia incontenibles e incertidumbre por los rumbos que las fuerzas económicas y políticas que saldrán elegidas a principios de junio buscan darle a este país. A pesar de las décadas que han pasado desde la esperanzadora reunión de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Puebla, México, en 1979, seguimos viendo muchos de los rostros dolientes y sufrientes que menciona el momento de hacer el análisis de la realidad (Cfr. Documento CELAM, Puebla 1979, numerales del 31-39).
En medio de este panorama que no invita a la esperanza, me parecen muy válidas las palabras del teólogo brasileño Leonardo Boff cuando dice: “Nuestro paradigma civilizacional, elaborado en Occidente y difundido por todo el globo, está haciendo agua por todas partes. Los desafíos globales son de tal gravedad, especialmente los de naturaleza ecológica, energética, alimentaria y poblacional, que estamos perdiendo la capacidad de darles una respuesta colectiva e incluyente. Este tipo de civilización se va a disolver”. Cuando cuestionaron a san Oscar A. Romero –asesinado en 1980– sobre cómo ser solidarios con el pueblo salvadoreño, contestó: “No se olviden de que somos seres humanos. No pasemos de largo ante el sufrimiento de los seres humanos”. Dice Jon Sobrino, teólogo jesuita español, que “el olvido de lo humano es principio fundamental de la deshumanización”.
Así pues, la vida nos pone ante el dolor, el sufrimiento y la muerte, pero por la fe sabemos que estas realidades no tienen la última palabra, pues estamos ciertos que resucitaremos en Cristo y que tenemos su guía y asistencia para construir el Reino aquí y ahora, incluso en medio de la más desoladora realidad. Es por eso que propongo escuchar la Segunda Sinfonía “Resurrección”, de Gustav Mahler (1860-1911). La quinta parte es una de las páginas más bellas de la música, cuando el compositor utilizó un texto del poeta Klopstock para proclamar la salvación divina y la vida eterna ante la muerte: “¡Resucitarás, sí, resucitarás, corazón mío, en un instante! Por lo que has latido y luchado, ¡habrá de llevarte a Dios!”.


padilla@iteso.mx
Mahler Espectacular Final de la sinfonía nº 2
Resurrección
https://www.youtube.com/watch?v=8GONdWiXG7g

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Leave a Comment

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.