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Una misión, un proyecto, un rol que cumplir; tenemos – todas y todos – un plan de vida aquí, en la tierra.

Rosy Muñoz Miranda

Hace poco iba en el camión, sentada en los primeros asientos, subió una señora y al mismo tiempo que lo hacía dijo en voz alta: “Buenas tardes” y pagó su pasaje y el de sus niñas que venían detrás, repitiendo el saludo al chofer; una de ellas – la menor, supongo – de unos seis años. Llamó mi atención porque, durante el trayecto, subieron más personas y estuve atenta a ver si alguien más saludaba al conductor; abordaron la unidad, mujeres, hombres y niños y ninguno de estos replicó la acción.

En más de alguna ocasión, sobre todo en las clases de educación cívica – que ya las quitaron, desgraciadamente – nos dejaron tareas de escribir cuáles eran los valores que teníamos en casa, con nuestra familia; así mismo, dar un ejemplo de qué valores veíamos en otras personas que quizás, nosotros no tuviéramos tan arraigados. La tarea parecía sencilla, pero de repente una compañera preguntó: “¿Los valores son cómo las cualidades, maestra?” Sí, respondió y agregó… Si tú eres una niña que no toma lo ajeno, quiere decir, que en tu casa tus papás te enseñaron a respetar las cosas de los demás y eso, se vuelve una cualidad en ti.
De repente y sin alzar la mano para pedir la palabra, otra compañera dijo en voz alta: “Mi papá dice groserías a los demás cuando está manejando, pero yo no lo hago, porque mi mamá dice que eso no está bien”.

Ambas anécdotas nos recuerdan lo elemental para el desarrollo de cualquier ser humano: los valores. Parece como si hablamos de un tema tan simple, que quizás hasta demos vuelta a la página porqué pensamos: “hay cosas más importantes, que leer algo sobre valores”, sin embargo y por ingenuo que parezca, todas las noticias que hoy vemos o escuchamos en los medios de comunicación, son consecuencias de la falta de valores en la sociedad.

Son las mujeres quienes marcan más en los hijos, la construcción y reforzamiento de los valores. Eso no significa que existan familias donde los padres sean quienes lleven más la batuta en este tema, seguramente en otras, son ambos; y es que, debería ser así. Es un asunto que se estableció para las mamás por los roles que jugaba la pareja: ella en casa, él en el trabajo; ahora, no hay salario que alcance y ambos padres trabajan, es entonces cuando las labores del hogar, así como la educación de los hijos, se comparte.

No obstante, y sin desmerecer la labor de los padres, las mujeres que son madres de familia, están detrás de los hijos sin importar la edad. A quién no le ha sucedido, siendo ya un adulto, que al llegar a una fiesta y pasar de largo, es la mamá que dice: “¿Ya saludaste hijo?”.

No servirá de nada si le pides a tu hijo que no haga cierta acción, que tú, sí la realizas; ni aun siendo adulto, será valido tu argumento. El ejemplo enseñará más que un discurso sobado y anticuado.

@arquimedios_gdl

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