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CRISTINA ELIZABETH DÍAZ MORALES

Cada vez hay más mujeres involucradas en la política, gracias a la paridad de género y, sobre todo, al trabajo y esfuerzo de quienes han preparado el camino para las que vienen detrás.

En un país en donde históricamente sus actores políticos, en su mayoría, han sido hombres, abrirse camino como mujer, no es una tarea fácil; se requiere de mayor esfuerzo para ganarse un lugar en este ámbito, en un México en donde, por generaciones, el patriarcado fue el sistema que se conocía.
Inspirada por sus padres, Verónica Delgadillo, hija de un comerciante / deportista y de una maestra, incursionó en la política desde joven. Cuando era estudiante participó activamente en su universidad, creando asociaciones diversas que buscaban incidir en el entorno social.
Para ella, incursionar en la vida política es una decisión que debe tomarse con el corazón; pero, sobre todo, con la madurez emocional e intelectual, que permitan tener en claro que las cosas no serán sencillas. En el 2010, se convirtió en la primera diputada local por voto directo que tuvo Movimiento Ciudadano, después fue diputada, senadora y vicepresidenta del Senado de la República.
“Cuando llegué a la política, el corazón se me rompió muchas veces porque no era lo que yo me imaginaba. Yo creía que siendo diputada iba a transformar toda mi realidad, mi entorno, pero me di cuenta de que no era así, que tenía que hacer mucho más trabajo para incidir en el entorno”.

“Es un mundo con reglas que nosotras no escribimos, porque la política fue escrita, en su mayoría, por hombres y nuestra llegada a participar en ese espacio, ha sido con esas reglas, por eso el reto de nosotras es cambiarlas para que sean más justas para todas y para todos”.

UN ARDUO CAMINO
“Ha sido muy difícil. Durante mucho tiempo me tocó ser la única mujer en muchas mesas en donde sólo había hombres y, consciente de que era la única mujer, era un gran compromiso, para no ser sólo la primera y la única, sino abrir el camino para las que vienen. Me siento muy orgullosa porque después de mí han llegado muchas más mujeres y me gusta pensar que algo de lo que yo he hecho ha servido”.

NO ES UNA GUERRA DE GÉNEROS
Con más dos décadas en la vida política, el mayor reto de Vero Delgadillo ha sido demostrar que la llegada de las mujeres es para bien. “También los hombres salen ganando cuando nosotras estamos en la mesa, y eso es algo que tenemos que demostrar. El reto es cambiar los paradigmas para demostrar que hacía falta que llegáramos porque todos ganamos cuando hay equilibrio”.
Este es el tiempo de las mujeres haciendo equipo con los hombres. Hay quienes se preguntan de qué sirve que las mujeres lleguen a la política. En su opinión, cree que sirve para dos cosas: “La primera, para visibilizar cosas que no se veían, como violencias, situaciones complejas, la discriminación latente; y lo segundo, para enriquecer el debate en la toma de decisiones y, por lo tanto, construir mejores soluciones a los problemas que hoy atraviesa la sociedad”.

“Amo lo que hago, amo la política, creo que es una gran herramienta de transformación social. He puesto en ella toda mi vida, toda mi energía; para mí no es un trabajo, para mi es un proyecto de vida y me siento realizada con lo que hago”.

POR TODAS
“Si yo no hacía bien las cosas, podía cerrarles el paso a las mujeres, porque me exponía a que dijeran: ‘¿Para eso querían llegar?’. La responsabilidad de saberme la voz de nosotras las mujeres era muy grande, y también era un gran compromiso para no rendirme, porque no te rindes por ti, sino por todas”.

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