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Editorial

Dábamos cuenta de que la próxima legislatura en Jalisco tendrá mayoría femenina, y que este acontecimiento inédito e histórico puede colocar a este sector en el lugar que le corresponde en la entidad, con la consigna “¡Mujer, sé lo que eres!”, y no algo inventado, superfluo o pasajero.

¿De dónde podemos deducir el ser y quehacer de la mujer en la sociedad? La propuesta de la Iglesia está expresada en muchos documentos del rico magisterio al respecto, pero ahora lo centramos en un texto de Juan Pablo II, que tiene una actualidad que impresiona y, sobre todo, que clarifica el papel trascendental de quien es mujer en toda la extensión de la palabra.

El texto, “La dignidad de la mujer” (Mulieris dignitatem), lo firma el Papa, pero detrás de él están muchas mujeres que le hicieron llegar sus valiosas e imperdibles aportaciones. Mencionamos algunos párrafos, apenas los primeros.

“Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres… pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga” (Mensaje del Concilio Vaticano II a las mujeres – 8 de diciembre de 1965).

Fijémonos desde cuándo la Iglesia ha reconocido la importancia de la participación femenina, cuando algunos creen que el hecho de reivindicarlas es apenas ‘su’ descubrimiento, ‘su’ novedad y ‘su’ defensa. Estamos citando algo de hace 55 años, y que vuelve a traer a la memoria Juan Pablo II en agosto de 1988.

Y otro pontífice, Pablo VI, en uno de sus discursos, decía entre otras cosas a favor de ellas: “En efecto, en el cristianismo, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos.

Es evidente que la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante (de la sociedad), de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades”. Dicho en el Convenio Nacional del Centro Italiano Femenino. 6 de diciembre de 1976.

En efecto, a lo que decía este Papa hace 45 años todavía le quedan muchas vertientes qué cumplirse, pero al mismo tiempo nos presenta el pensamiento de la Iglesia sobre cómo contemplamos a las mujeres, lejos de consideraciones antifeministas con las que muchos grupos nos presentan.

Si el primero en valorar el papel de la mujer fue Jesús, con sus actos de amor que tuvo para ellas, no podemos sus seguidores traicionar ni marginar esta evidencia. Mejor unámonos para construir, no para destruir, como por desgracia se dan a conocer algunos sectores que quieren hacer sentir sus derechos de esta forma.

Para los creyentes, el ‘dominio’ de la tierra corresponde al género humano, entendido éste como hombre y mujer, no solo al varón, por lo que su dignidad y quehacer tienen el mismo valor (cfr. “La dignidad de la mujer”, n. 6). Y todavía queda mucho qué hablar del tema.

@arquimedios_gdl

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