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SERGIO PADILLA MORENO

Este próximo lunes 31 de julio, la Iglesia celebra la vida y obra de San Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de la Compañía de Jesús e instrumento de Dios para darle a la humanidad la espiritualidad ignaciana, la cual es un camino para vivir el Evangelio en clave de amor y servicio, para así encontrar a Dios en todas las cosas.
En un momento culmen de la cuarta semana de los Ejercicios Espirituales, los cuales recogen la propia y honda experiencia del propio Ignacio, invita al sujeto ejercitante que ha hecho el proceso a una profunda reflexión conocida como Contemplación para alcanzar amor. Dice el P. Michel Campbell SJ, que “la contemplación se desarrolla en cuatro puntos, cada uno de los cuales cubre un área de la realidad humana e ilustra un modo de la presencia amorosa de Dios y de su acción”.
En el primero de ellos se invita a reconocer los beneficios recibidos por la redención, la creación y los dones recibidos. Es entonces que Ignacio nos propone esta conocida oración: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.”
En el segundo punto Ignacio nos invita a “mirar cómo Dios habita en las criaturas: en los elementos dándoles el ser, en las plantas dándoles la vida vegetativa, en los animales la vida sensitiva, en los hombres dándoles también la vida racional, y así en mí dándome el ser, la vida, los sentidos y la inteligencia; asimismo, habita en mí haciéndome templo, pues yo he sido creado a semejanza e imagen de su divina majestad; otro tanto reflexionando en mi interior, del modo que está dicho en el
primer punto o de otro que sintiere ser mejor.”
En el tercero se nos propone “considerar cómo Dios trabaja y labora por mí en todas las cosas creadas sobre la faz de la tierra; esto es, se comporta como uno que está trabajando. Así como en los cielos, elementos, plantas, frutos, ganados, etc., dándoles el ser, conservándoles la vida vegetativa y sensitiva, etc. Después, reflexionar en mi interior.” Y en el cuarto punto nos invita a “mirar cómo todos los bienes y dones descienden de arriba.”
Propongo algunas obras musicales que nos ayuden a contemplar, según la invitación de Ignacio, los dones de Dios, tanto en la vida concreta de cada uno de nosotros, como en la creación y la naturaleza. Qué tal si comenzamos este recorrido a través de la Sinfonía no. 6 “Pastoral”, de Ludwig Van Beethoven, una profunda mirada de un hombre enamorado de la vida y la naturaleza. Otra obra para conectar con la invitación de Ignacio es el motete Ave Verum corpus, de W.A. Mozart. Desde los primeros compases, va surgiendo de la nada una tenue alabanza: “Salve al cuerpo verdadero, nacido de la Virgen María”. Cuando se desvanece la última nota, la obra deja al espíritu humano en oración; no se puede permanecer de otro modo al sentir esta música.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Mozart ~ Ave Verum Corpus ~Leonard Bernstein
https://www.youtube.com/watch?v=NK8-Zg-8JYM&t=141s

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