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SEM. RÓMULO MARTÍN
HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ

Conocer la vida de aquellas personas que han decidido “entregar su vida antes que fallarle Dios” es, sin duda, un acto enriquecedor para todo cristiano, pero de forma especial para cada uno de los jóvenes que se forman en el Seminario, pues son el reflejo de la vivencia de la caridad, el servicio y la oración.
La vida de José Isabel inició el 20 de noviembre de 1866, en el poblado de San Juan Bautista, municipio de El Teúl de González Ortega, Zacatecas, dentro de una familia muy piadosa, que a escasos nueve días de haber nacido inició recibió el Bautismo y fue confirmado dos años después por Ignacio Mateo Correa, Obispo de Zacatecas.

Su caminar por el Seminario de Guadalajara comenzó el 14 de febrero de 1887, a la edad de 15 años, y que al igual que muchos de nosotros, su abuelo fue quien lo acompañó caminando los cien kilómetros que distancían a El Teúl de Guadalajara.

Durante su permanencia en el Seminario tuvo que arreglárselas para vivir y costear sus estudios, pues sus padres eran muy pobres. El Padre José sostuvo exámenes públicos, donde obtuvo varios diplomas, y en muchas ocasiones figuró entre los alumnos más destacados. Fue ordenado diácono el 25 de junio de 1896 y ordenado Presbítero el 26 de julio del mismo año por Atenógenes Silva, Obispo de Colima.

Una vez que fue ordenado, lo enviaron a Teocaltiche, hasta que fue asignado a la Parroquia de Zapotlanejo en diciembre de 1899, y en mayo 1900 fue trasladado a la capilla de Matatlán, donde alcanzó la palma del martirio y dónde todavía hoy los fieles veneran sus santas reliquias.

Permaneció 27 años al frente de la comunidad, en donde fue reconocido por ser un hombre de oración, pues rezaba el Rosario todos los días, enamorado de la Eucaristía y del misterio del Corazón de Jesucristo. Su vida sacerdotal fue abundante en caridad, que se veía reflejada en obras educativas para fomentar la catequesis, además de ser reconocido por su bondad, pobreza, espíritu, piedad y sabiduría.

El martirio del Padre Flores comenzó cuando fue traicionado por un antiguo conocido que había sido su protegido, quien lo denunció ante el cacique de Zapotlanejo, fue apresado el 18 de junio de 1927, cuando se dirigía a celebrar la Eucaristía, y encerrado en un lugar degradante, atado y maltratado.

El cacique quería que renegara de su fe a cambio de su libertad o al menos que rompiese la comunión del Papa, al tiempo que cínicamente le ponía música, a lo que el padre le respondió: “Yo, voy a oír una música más bonita en el Cielo”, demostrando su coherencia de vida hasta en los últimos momentos, cumpliendo las palabras que en varias ocasiones expresaba: “Antes morir que fallarle a Dios”.

V. San José Isabel Flores.
R. Ruega por nosotros.

@arquimedios_gdl

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