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JOSÉ DE JESÚS PARADA TOVAR

Solemos encapsular los grandes conceptos en condicionamientos y convencionalismos de tiempo y
de espacio, sin darles un significado y aplicación permanente en la vida. Así ocurre, por ejemplo, con el “patriotismo”, que circunscribimos en las fiestas del mes llamado patrio, cuando abundan las alusiones a los símbolos históricos y oficiales, pero todo ello adosado con emociones y sentimientos, por sí
mismos efímeros y superficiales, aunque, al menos, conciten y generen una alegría generalizada.
Igualmente, el término “nacionalismo”, trasladado a ideología por políticos y gobernantes, pretende constituir y etiquetar a un país como una isla poderosa, autosuficiente, ajena totalmente a influencias exteriores, lejana al concierto universal de naciones, y escéptica ante el fenómeno mundial de la globalidad y la interdependencia. Y, obviamente, quienes enarbolan tal propósito no niegan la necesidad de abrirse a relaciones internacionales sólidas y maduras; sin embargo, el real propósito lo disfrazan con el “populismo”, esa fingida cercanía a los ciudadanos para simular autonomía plena, además de entender y atender sus necesidades y reclamos.
Para comprender, asimilar y llevar a efecto la acepción de la palabra “patriotismo”, se requieren muchas actitudes y conductas, encarnadas a partir de una convicción mental personal. Y es que el amor patrio se incuba desde el hogar mediante la vivencia y transmisión de valores cívicos y sociales que encaminen al niño, al adolescente, al joven, a adquirir y ostentar su sentido de identidad de origen, de sexo, de raza, de
credo. Por ello es tan importante que, al lado y en complemento de la instrucción escolar, se enseñe y se aprenda la geografía local, regional y nacional; la historia patria con todos sus episodios, circunstancias y matices.
Habrá que conocer, en lo posible, la enorme riqueza cultural que nos han dejado nuestro mestizaje y la multiplicidad de etnias indígenas; las costumbres y tradiciones arraigadas, y aún vigentes; la singular y envidiable biodiversidad, manifiesta en los largos litorales, bosques, selvas, desiertos, lagos y climas. ¿Y qué decir del vasto legado que nos han dejado para siempre tantos personajes de la religión, la ciencia,
la educación, las artes, la tecnología, la industria, la beneficencia, las artesanías, e incluso el gobierno?
El fervor patrio que, indudablemente, se palpa y percibe en el noveno mes, no debería ser solamente un factor de distracción popular, de contracción y abstracción de un interés solamente por tan corto lapso, sino de construcción y concreción del anhelo común por engrandecer la Nación con espíritu de unidad, de paz, de trabajo y de progreso en todos los órdenes.

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