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Alfredo Arnold

21/08/2022

“El hombre que luchó con todas sus fuerzas para derrocar a un tirano que representaba la última fase de la dinastía tiránica, que había nacido en 1937, bajo el apellido Somoza, hoy puede que se haya convertido precisamente en una remembranza de ese mismo dictador contra el cual peleó en todos los terrenos hace
varias décadas. Daniel Ortega, otrora líder de un movimiento limpio y puro ante los ojos de sus seguidores, parece haberse diluido en la embriaguez que genera la experiencia de ver el mundo desde el poder y no desde la oposición”.

El periodista dominicano Geovanny Vicente Romero, jefe de Comunicaciones Estratégicas del Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad, de Washington, D.C., describe en el párrafo anterior la situación por la que atraviesa Nicaragua, el segundo país más pobre de América Latina, confrontado con organismos internacionales y con la Iglesia católica, fuertemente criticado por sus ataques a la libertad de prensa y encaminado hacia una dictadura encabezada por Daniel Ortega. Nicaragua pasó del sueño a la pesadilla. Gozó con la caída de la dinastía Somoza y ahora su futuro vuelve a nublarse con el gobierno del otrora héroe Ortega.

Algo así ocurrió en Cuba. La revolución de Fidel Castro puso fin a la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, pero fracasó en los siguientes años al escoger el camino del comunismo soviético.

Daniel Ortega Saavedra fue un joven luchador contra la dictadura que había instaurado la familia Somoza desde 1937. Anastasio Somoza García inició esa dinastía, fue presidente; la continuó su hijo Luis, y finalmente Anastasio Jr. “Tachito”, quien gobernó de 1967 a 1972 y de 1974 a 1979, hasta ser derrotado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que en los momentos decisivos de su lucha fue apoyado por el presidente de México, José López Portillo, así como por otros países, por el presidente norteamericano Jimmy Carter y la Organización de Estados Americanos (OEA).

En su carta-renuncia a la presidencia de Nicaragua, Anastasio Somoza Debayle responsabilizaba
directamente a la OEA de haberlo presionado a dejar el poder y añadía: “He luchado contra el comunismo, y creo que cuando salgan las verdades, me darán la razón en la historia”. Se fue de Nicaragua, llevándose una fortuna y al año siguiente fue asesinado en Paraguay.

Después del triunfo del FSLN contra Somoza, Daniel Ortega fue elevado a nivel de héroe de la patria y ganó prestigio, a la vez que creció su rivalidad con el también sandinista, Edén Pastora (Comandante Cero), de ideología más radical. Ortega fue mejor político y ganó la presidencia de 1985 a 1990. En el siguiente periodo intentó reelegirse y fue derrotado por Violeta Barrios de Chamorro, pero posteriormente, en 2007, asumiría de nuevo la presidencia y no la ha soltado hasta ahora. Con mucho poder desde el triunfo de la revolución sandinista, y con todo el poder desde 2007, el régimen nicaragüense de Ortega ha caído en excesos. Se le imputa el establecimiento de una dictadura (él es presidente y su esposa vicepresidenta); se le reclama la existencia de presos políticos, la desaparición de medios informativos y el cierre arbitrario de 254 instituciones de la sociedad civil.

En los últimos meses ha sido denunciado por el Obispo de Matagalpa, Monseñor Rolando Álvarez. El Episcopado nicaragüense expresó su fraternidad, amistad y comunión episcopal con el prelado.
También la Unión Europea y el Departamento de Estado de Estados Unidos han expresado su apoyo al Obispo.
De acuerdo a publicaciones de prensa, hay seis periodistas detenidos por delitos inventados, por lavado de dinero y traición a la patria, mientras que 15 periodistas, la mayoría del diario digital La Prensa, huyeron del país.

Recientemente, la Fundación IDEA, con sede en Miami, publicó un documento en el que condena a Ortega; lo afirman varios ex mandatarios latinoamericanos y españoles como Óscar Arias (Costa Rica), José María Aznar (España), Felipe Calderón (México), Vicente Fox (México), Eduardo Frei (Chile), César Gaviria (Colombia), Luis Alberto Lacalle (Uruguay), Mauricio Macri (Argentina), Andrés Pastrana (Colombia), Sebastián Piñera (Chile), Álvaro Uribe (Colombia) y varios más.
El país se hunde, se aísla a la manera de Cuba y Venezuela. Desde el interior y exterior surgen voces contra el régimen. Nicaragua, país que alguna vez formó parte del primer Imperio Mexicano, no ha logrado su
sueño; históricamente ha sido dominado por dictaduras y hoy se prenden de nuevo los focos de alarma.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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