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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Una de las obligaciones del Estado, la de cualquier Estado civilizado, es la de garantizar la seguridad a los ciudadanos que, pagando sus impuestos, tienen el derecho de realizar cualquier actividad lícita con la certeza de que será respetada su integridad física, psicológica, moral, etc., así como su patrimonio.
La realidad de nuestro país México es que está sufriendo una salvaje inseguridad. Según algunos informes de la inteligencia de Estados Unidos, una tercera parte del país está ya cooptada por el crimen organizado por la claudicación del Estado de esta tarea esencial a su naturaleza. Sin embargo, la experiencia de la mayoría de nosotros, como ciudadanos de a píe, es que no es sólo la tercera parte sino casi todo el territorio nacional.
Homicidios dolosos, secuestros, desapariciones, cobro de piso, extorsiones, amenazas, robos en carreteras al transporte, etc., se han convertido en el “pan nuestro de cada día” en muchos municipios mexicanos. Incluso se han levantado algunos pueblos, ciudadanos ya hartos de esta situación, contra el crimen organizado, formando sus propias policías populares o también llamados grupos de autodefensa por la ineficacia del Estado, en todos sus órdenes (federal, estatal y municipal).

La promesa de campaña de nuestro actual mandatario de pacificar al país fue, sin duda alguna, una de las razones por las que llegó a la presidencia de la República con un alto porcentaje de la votación, pero ha sido uno de los rubros pendientes de la administración

que está a punto de terminar; por cierto, en medio del escándalo de haber recibido recursos del narco durante su primer campaña electoral a la primera magistratura del país en 2006.
Las preguntas que como ciudadanos nos hacemos es que, frente al índice creciente de la criminalidad y no su disminución, a pesar de los malabares estadísticos que se presentan en la mañanera, es que si el Estado no ha podido cumplir con su obligación de ofrecer seguridad a los ciudadanos es que no puede o no quiere.
Si el Estado no puede, entonces es un Estado ineficiente, rebasado y derrotado frente al crimen que es más poderoso, con mejores tácticas y estrategias. Sería un Estado fallido, lo que es muy grave.
Pero si el Estado no quiere, lo que sería peor, es porque o mantiene compromisos con el crimen organizado por algún beneficio corrupto de las autoridades o que se trata de un narcoestado, y que la política de “abrazos, no balazos” es una estrategia para tratar bien a los criminales, mientras desampara a los ciudadanos.
Es triste para nuestro futuro próximo que la candidata que va arriba en las encuestas no hable precisamente de seguridad porque, el partido político que representa y que gobierna actualmente en el país, tiene muchas cuentas pendientes. Ciertamente habla de los logros de la capital, en la que el crimen organizado pudo realizar un atentado contra el secretario de seguridad de la Ciudad de México, ¿qué futuro nos espera? Frente a esto, el gobierno, ¿no puede?, ¿no quiere?

@arquimedios_gdl

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