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LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

 ¿Cómo me doy cuenta si se está encarnando Dios en mí aquí y ahora?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DÍA DEL NACIMIENTO DE SU HIJO?

(Inspiramos nuestra reflexión en las lecturas propuestas para la Misa de la noche, que son las mismas para los tres Ciclos A, B y C.)

Isaías 9, 1-3. 5-6: El Señor ha hecho nacer un niño que gobernará con paz, con la justicia y el derecho.  Por eso, nos alegramos como en la cosecha y en la repartición del botín.  Pues Dios nos ha liberado y ha hecho brillar su luz sobre nuestras tinieblas…

Salmo 95: Cantemos al Señor, bendigámoslo, proclamemos su amor y su grandeza, alegrémonos porque ya viene a gobernar el orbe con justicia y rectitud…

Tito 2, 11-14: Jesús, nuestro Dios, se entregó para que:

  • redimidos y purificados, seamos su pueblo,
  • renunciemos a la irreligión y a los deseos mundanos y
  • para que practiquemos el bien y vivamos sobria, justa y fielmente…

Lucas 2, 1-14: José y su esposa María, encinta, viajaron de Nazaret a Belén para empadronarse.  No encontrando lugar en la posada, María dio a luz a su primogénito en un establo, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre.  Un ángel se les apareció a unos pastores que, cerca de ahí, cuidaban sus rebaños y les anunció que les había nacido un Salvador, luego, se le unió una multitud del ejército celestial que cantaba: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra pasa los hombres de buena voluntad.

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[Debemos tener cuidado con la lectura y comprensión de los “relatos” sobre la encarnación, el nacimiento y la infancia de nuestro Señor.  Si comparamos lo que nos dicen Mateo y Lucas notaremos que son muy diferentes y, a su vez, tienen poco que ver con el prólogo de Juan.  Parece que todos apuntan a lo indescriptible de estos acontecimientos y ninguno pretende presentarnos una crónica, sino que más bien apuntar al misterio de la presencia de Dios en Jesús y en cada uno de nosotros.  Al parecer, no fueron escritos sólo para recordarnos algunos extraordinarios acontecimientos externos de un pasado lejano sino para propiciar nuestra introspección y el descubrimiento de lo que Dios continúa realizando aquí y ahora en, entre y a través de nosotros por nuestra acción en el mundo que nos ha tocado vivir.

Ciertamente, Lucas deja claro que Dios se inserta en nuestra historia haciéndose humano en un lugar y en un momento determinados y que, de ahí en adelante, continúa en nuestra historia.  La salvación ha bajado y está al alcance de quienes se ponen en camino y buscan – fuera de la instalación, los privilegios y el bullicio – en el silencio de la noche.  La buena noticia es acogida por los que se sienten necesitados de ella, los marginados, los oprimidos…

Pero, estos no son datos biográficos sino, más bien, pinceladas que fundamentan un discurso sobre quién es Dios y cuál es su modo de actuar… Y conviene siempre tener presente que no podemos desconectar el nacimiento de Jesús de su ministerio y de su muerte ni de nuestra propia vida, ministerio y muerte…]

Se supone que durante el Adviento nos hemos estado preparando integralmente para el misterio que celebramos en la Natividad del Señor.  Pero, antes de seguir adelante, hemos de revisar si en los últimos días – llenos de villancicos, arreglos de “nacimientos” y otras “estampas navideñas” decorativas, tradicionales (alegres y paganas) posadas, compras de pánico, preparaciones de banquetes, viajes, etc. – pudimos crear un ambiente de sosegada preparación espiritual o más bien nos distrajimos de lo verdaderamente importante: el misterio de la encarnación, de la presencia del Dios-entre-nosotros.  ¿Cómo me preparé para la Navidad?

Para un cristiano serio no debe bastar con el folclore “navideño”.  Debemos guardar silencio, meditar reposadamente, entrar en nuestro interior para descubrir y facilitar el impacto de la callada y sencilla presencia del Dios encarnado en nuestra vida.  Sólo después de encontrar a Dios en nuestro interior, lo podremos descubrir a nuestro alrededor y en los demás.  La presencia de Dios es siempre un misterio que nos desafía… ¿Cómo puedo “saborearla” más ahora?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA  SEMANA:

  1. Sugerimos que en estos días de la Navidad organices momentos de silencio en medio de tus actividades… Y, en esos tiempos de meditación, procura responder las siguientes preguntas:

¿Qué significa para mí la frase “Dios viene de adentro y no de afuera”?

¿Estoy de acuerdo en que Dios está siempre presente en donde quiera que yo lo busque y en todos los lugares en los que lo haga presente?

¿En dónde está más presente Dios, en una imagen religiosa o en una persona (aunque ésta sea “mala”)?

  • Teniendo en cuenta que la Navidad no es una fiesta para recordar acontecimientos del pasado… En tus tiempos de oración, reflexiona en los siguientes “símbolos”:
  • Jesús Niño fue colocado en un pesebre-comedero, o sea, es comida para las ovejas… yo, ¿acostumbro a alimentarme de él?  ¿Cómo?
  • La Palabra de Dios encarnada es un Niño que no sabe hablar… ¿Qué me dice Dios con sus silencios?  ¿Me doy, pacientemente, el tiempo para desentrañar estos misterios?

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