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LAURA CASTRO GOLARTE

Este mes, el día 11 para ser precisa, se cumplieron 50 años del Golpe de Estado –en Chile y de la muerte, en ese contexto, del presidente Salvador Allende–. A tanto tiempo de distancia, documentos relativos a aquellos sucesos violentos, abusivos y dolorosos han sido desclasificados y nueva información sale a la luz, que no es que se desconociera del todo, pero ahora, lamentablemente, se confirman datos escandalosos como la intervención y la manipulación mediática en lo que se podría identificar como “colonialismo interno” (Pablo González Casanova dixit).
¿Y cuál es el punto de traer a la memoria hechos pasados y estos en particular? Es una de las utilidades de la historia. Hacer un ejercicio retrospectivo para analizar, reflexionar, encontrar y aprender lecciones en nuestro presente con proyección de futuro para que nunca más, hechos de esa magnitud, intervenciones aplastantes como aquella, asesinatos, desapariciones, generación de miedo y manipulación de masas, tortura y censura, se vuelvan a repetir. Nunca más una dictadura.

Salvador Allende, tenaz y persistente, como se sabe que era, apostó por un cambio pacífico en Chile, perfectamente convencido de que llegar al gobierno tendría que ser por la vía democrática. De hecho, fue el primero que, con esa ideología, alcanzó el triunfo, sin necesidad de encabezar un movimiento armado, sino a través de un proceso electoral respaldado con creces por la sociedad chilena. El programa de la Unidad Popular que fue la fuerza política que lo abanderó, incluía una serie de medidas que fueron cuestionadas y combatidas no sólo por el poder económico en aquella nación latinoamericana, sino y fundamentalmente, por el gobierno de la Unión Americana.

Hoy podríamos pensar que es extraño que se estuviera en contra de una sociedad más igualitaria, anhelo de Allende y los chilenos, donde la distribución de los ingresos fuera equitativa para propiciar el consumo interno de pequeños y grandes empresarios e imprimir dinamismo y generación de riqueza en la economía nacional. Bienestar, en otras palabras.
Salvador Allende tenía razón si entre sus objetivos estaba mejorar las condiciones de los campesinos y de los trabajadores, ¿quién con sentido y conciencia social se podría oponer a eso? ¿Por qué hay quienes se resisten si los beneficios son para todos? ¿Si lo que estaba en la base no era otra cosa que hacer justicia?

¿Cómo cuestionar la nacionalización de la extracción y tratamiento del cobre, mineral del que es rico Chile, si las ganancias de esa industria se estaban yendo del país como en los peores momentos de la colonia?
¿Por qué se señala a Salvador Allende por acabar con el esquema abusivo del latifundio y repartir tierras a campesinos para trabajarlas, sembrar, cosechar, vender y vivir de eso? ¿Cómo se puede descalificar una política social que incluía programas de vivienda, de combate al desempleo, de salud pública y de educación para todos los habitantes de esa nación hermana?

Así fue, y la operación contra Allende fue tan rigurosa y con tanto dinero incluido, que sólo pudo gobernar durante mil días, de septiembre de 1970 a septiembre de 1973. Hoy se sabe que la operación contemplaba, además del uso de periódicos (El Mercurio y La Segunda de la familia Edwards) prácticamente como órganos de comunicación de la Junta Militar de Gobierno, guerra económica y diplomática, presión militar y bloqueo financiero con el propósito de evitar la consolidación del gobierno de Allende, según se asienta en documentos hoy accesibles.

Al día de hoy, para muchas personas, Allende vive porque un proyecto de nación como el que él planteó, para hacer justicia social y propiciar mejores condiciones de vida para los que menos tienen, sigue siendo necesario en Chile y en el mundo. Un esquema más justo, democrático, generoso, solidario, propiciador de conciencia social, crítica e histórica

La experiencia de Chile está vigente ante los embates de la ultraderecha que regresa con fuerza en varios países. El Papa Francisco ha llamado la atención sobre la recomposición de esa ideología extrema y sus intentos por volver al poder aquí, allá y más allá; y si el pontífice llama la atención, es porque se trata de una amenaza, esto no se puede perder de vista, no se debe permitir. Nunca más.

@arquimedios_gdl

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