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Como “algo inusitado” y como “inconcebible” fue la descripción que hicieron dos Obispos de la reunión –conocida y muy comentada–que tuvieron sus homónimos con dirigentes de la delincuencia organizada en el Estado de Guerrero.
“Es algo que no debería ser”, señaló el Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, “pero es una emergencia”. “Hasta allá nos está llevando la situación tan grave que vivimos”, dijo, por su parte, Mons. Ramón Castro, prelado titular de Cuernavaca y Secretario General del Episcopado Mexicano.
“(Los Obispos de Guerrero) viven cercanos a sus comunidades, y sienten lo que experimenta la gente: una completa inseguridad, un riesgo total a su integridad, a su vida, a sus bienes. Una incertidumbre de todos los días”, indicó el purpurado tapatío. Mons. Castro dijo algo parecido, refiriéndose a la inseguridad en el lugar donde ejerce su ministerio (Estado de Morelos): “Lo miro, lo siento y lo sufro”.
Lo mismo pudiéramos decir de cada territorio en México hacia el que dirijamos nuestra mirada: Tamaulipas, Chihuahua, Guanajuato, Colima, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, Nuevo León, Baja(s) California(s), Sinaloa, Tabasco, Chiapas, Jalisco…

Hay signos de desesperación y de impotencia de parte de la población (como el hecho de armar a menores) ante el crecimiento del crimen organizado, y ante la inoperancia de las autoridades federales, estatales y municipales.

Siendo las más culpables las federales, porque teniendo el poder para poner orden (realidad muy distinta de las desmanteladas policías municipales), no lo hacen.
“Es un signo profético que los Obispos quieran remediar la angustia que vive el pueblo y recuperar la paz, indicó el Cardenal Robles Ortega, pero pone en evidencia –subrayó– un deber que no han asumido las autoridades y que no han cumplido. Es un reclamo, una toma de conciencia, para que las autoridades pongan remedio, aplicando la ley… A ellas les corresponde establecer la paz”.

“La intención de los Obispos fue recta, clara, en el sentido de buscar y recuperar la paz y la seguridad para los pueblos de Guerrero”, abundó el Arzobispo de Guadalajara.

“Los Obispos no podemos sustituir el papel que le corresponde a los que gobiernan”, concluyó, por lo que no espera que se sigan multiplicando este tipo de encuentros, aunque no quiere decir que los prelados se queden de brazos cruzados, sino que se sigan llevando a cabo otro tipo de acciones para colaborar a la reconstrucción del tejido social, como lo están haciendo, también, los Obispos de Michoacán.
Además, como lo indicó Mons. Ramón Castro, “tenemos esperanza en la Agenda Nacional por la Paz que hemos hecho, que se encuentra en su segunda etapa. Son 14 acciones las que proponemos para que se lleven a cabo en los Estados. Son acciones que cada comunidad debe conocer y se pongan en práctica”.

Señaló, también, que tanta delincuencia da qué pensar de que hay acuerdos entre autoridades y el narcotráfico.
“Que sea el gobierno el que no dé ejemplo en este sentido, porque los que delinquen saben que hay impunidad, y por eso hacen lo que quieren”.

Estos encuentros, antes impensables, se hicieron necesarios por las omisiones, complicidades e incapacidades de los que nos gobiernan. De otra forma no hubiéramos llegado a tanto.

@arquimedios_gdl

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