upc4

HUMBERTO CASTILLO
PASTORAL DEL DEPORTE

Del viernes 26 de julio al domingo 11 de agosto del presente año, en la Ciudad de la Luz, Paris, se llevarán a cabo la XXXIII Olimpiada de la Era Moderna y será tiempo de ver a los mejores atletas del mundo. Las Olimpiadas podemos verlas desde diferentes perspectivas, pero quiero mencionar dos, que para mí, son esenciales: la representatividad de los atletas y la enseñanza que nos deja en nuestra vida de fe.
Todos los atletas que participan en las Olimpiadas son los mejores atletas de su país, en sus diferentes disciplinas deportivas, ya sea porque están rankeados a nivel mundial o porque, a través de su esfuerzo y sus marcas, se ganaron un lugar para poder participar en dicha competencia. Pero en ambos casos, son el fruto de su esfuerzo, dedicación, constancia y pasión para poder llegar a la primera meta deportiva que es estar en las Olimpiadas.

En todas las disciplinas, por ser muchos los participantes, hay rondas de eliminación y los mejores pasan a la final, donde compiten por una medalla. Las finales en cualquier disciplina son bastantes emotivas, porque compiten los mejores del mundo de cada deporte y allí apreciamos lo excelso de la raza humana, deportivamente hablando. Aquí, todos los atletas están por méritos propios y cada uno de ellos tiene una gran historia de inspiración y de superación que nos enseña a ser mejores cada día, en cualquier lugar.

Estas historias de vida, de cada uno de los atletas, nos deben de ayudar para reflexionar sobre nuestra vida de fe y nos motiven para ser cada día más santos. Los atletas entrenan diario dentro de un horario establecido. Siguen al pie de la letra la planificación para llegar a sus objetivos. Son atletas no sólo en las canchas de entrenamientos, sino en todo lugar y a todo momento. Si tienen una lesión, se levantan y continúan, cada día más fuertes y con mentalidad ganadora.

Se esfuerzan y compiten para ser los mejores en su deporte y llegar a la meta, que es calificar a las Olimpiadas, entrenan mucho más para competir y ganar una medalla.

La vida de fe debemos vivirla así, hacer oración y vivir los Sacramentos a diario, ser constantes; ser testigos en todas partes y en todo momento; si tenemos alguna falla, regresar a la gracia de Dios a través de la Reconciliación sacramental y ser mejor cristianos. Cuando sintamos que estamos haciendo la voluntad de Dios, no debemos de confiarnos, sino dar lo máximo de cada uno de nosotros para poder tener, al final de nuestra vida, un lugar en el paraíso porque nuestro nombre está en la lista del Cielo y así podamos recibir nuestra Medalla de la Salvación. Animémonos a ser mejores cada día y ser “atletas espirituales” que logren una medalla.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Leave a Comment

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.