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SERGIO PADILLA MORENO

Hace ciento cincuenta años comenzaba a escucharse en diversos teatros de Italia, luego de Europa y más tarde en todo el mundo, la Misa de Réquiem, para cuatro solistas, coro y orquesta, del compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901), cuyo estreno fue el 22 de mayo de 1874, en la Iglesia de San Marcos de Milán. Es importante recordar que Verdi pasó a la historia como uno de los más grandes compositore de óperas de todos los tiempos, pues compuso 27 obras llenas de inspiración, por lo que varias de ellas están entre las óperas más conocidas y apreciadas de este género; títulos como La Traviata, Otello, Aida y Nabucco, son referencia obligada para los amantes de esta sublime manifestación artística. Fuera de su producción operística, Verdi compuso varias obras de carácter religioso, siendo la más famosa su Misa de Réquiem, escrita como un homenaje post mortem al escritor italiano Alessandro Manzoni.
Fiel al talento del compositor, es claro que el lenguaje musical del Réquiem verdiano es netamente de corte operístico – se le ha catalogado a menudo como “una ópera vestida de negro”-, por lo que los textos latinos de la misa de difuntos son resaltados gracias al notable dramatismo de la música surgida de la inspiración del compositor; baste escuchar las partes del Dies Irae, el Tuba Mirum, el Sanctus, y el Libera me, para constatarlo.

Muchos biógrafos y analistas han destacado el hecho de que Verdi haya compuesto una obra de tal profundidad y fuerza dramática, siendo él un hombre que se declaraba como agnóstico, aunque otros consideran que el espíritu provinciano y bucólico del compositor desarrolló en él una fe sencilla, aunque poco institucional. Es importante resaltar que la primera de muchas tremendas experiencias de Verdi frente a la muerte se dio muy temprano en su vida, pues en 1833 perdió a su hermana; más tarde, en menos de un año, perdió a sus dos pequeños hijos fruto de su matrimonio con Margherita Barezzi, quien más tarde, el 19 de junio de 1940, murió de encefalitis, dejando al joven Verdi profundamente devastado, mientras tenía el compromiso de componer -ironías del destinouna ¡ópera cómica! que resultó, comprensiblemente, un fracaso.

El modo como Verdi trató el drama de la muerte en la mayoría de sus óperas da pie a muchos y profundos análisis. El papa Benedicto XVI dijo sobre Verdi: “En sus obras impresiona siempre cómo supo captar y esbozar musicalmente las situaciones de la vida, sobre todo los dramas del alma humana, de una manera tan inmediata, incisiva y esencial que raramente se encuentra en el panorama musical. Afrontando el tema del destino, Verdi afronta directamente el tema religioso, confrontándose con Dios, con la fe, con la Iglesia; y emerge de nuevo el alma de este músico, su inquietud, su búsqueda religiosa.”
Ante una obra como el Réquiem de Verdi, no se puede permanecer indiferente y nos deja entrever el espíritu de un hombre que se enfrenta, existencial y artísticamente al misterio de la muerte.


padilla@iteso.mx
Messa da Requiem | Verdi – Chailly
https://www.youtube.com/watch?v=wApLPGCDKyE

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