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El triunfo aplastante de Morena y sus candidatos sobre una oposición avergonzada es indiscutible. Mientras Morena hace alarde de su triunfo, la oposición se debate en la vergüenza.
La vergüenza puede ser entendida desde distintas perspectivas, todas ellas ubicadas como sensación de pérdida de dignidad, experiencia de tristeza, rabia, impotencia frente alguna debilidad expuesta públicamente. Eso está pasando a la oposición, esa es la experiencia en este momento de los partidos políticos del PRI, PAN y PRD, los grandes perdedores. Han sufrido la vergüenza de ser derrotados por la fuerza morena, pero, sobre todo, son ellos los que han provocado esta vergüenza, son los agentes vergonzantes y no sólo los que la han padecido.
Algunas personas votaron por Morena no porque estuvieran del todo convencidas de las bondades del proyecto de nación que enarbola, pero de lo que sí estaban plenamente convencidas era de que no podían votar por esos partidos opositores que provocan vergüenza. La candidatura de Xóchitl Gálvez, aunque de origen ciudadano, fue cobijada por estos partidos; sin embargo, parecía más como un escudo protector para los dirigentes y sus compinches a fin de lograr un escaño en alguna de las Cámaras. Parece ser que no les interesaba el triunfo de Xóchitl, les interesaba el suyo para seguir medrando del erario público desde una senaduría.
Se aprovecharon y, paradójicamente, desaprovecharon la “Marea Rosa” de los ciudadanos que marcharon en defensa de las instituciones autónomas del Estado, pues pensaron que era un apoyo incondicional a los partidos

de oposición, cuando la ciudadanía es, precisamente, de lo que se quiere deshacer, los quiere mandar al bote de la basura por su altísimo costo, su ineficacia y su corrupción. No entendieron de que era la oportunidad para ciudadanizarse, de darle chance a la sociedad civil de proponer ellos sus candidatos e incluso que sirvieran de plataforma para que los mismos ciudadanos tuvieran vías de liderazgo social. No, no aprovecharon, se sintieron que se trataba de una defensa de ellos, que la gente los quería a ellos porque no quería a Morena ni a sus gobiernos, a causa de sus indefendibles fracasos; pero no, tampoco los quería a ellos.
Es vergonzante este espectáculo político porque han provocado la vergüenza y el enojo a muchos ciudadanos desde sus más altas dirigencias, que se identifican con su nombre en diminutivo: Marquitos y Alito, porque son eso: diminutos, de poca talla, de estatura mediana, pero de corrupción descarada; son los políticos que acostumbran vergonzantes arreglos por debajo de la mesa. Ellos dan vergüenza. Son ellos los que, en su debida proporción, también ocasionaron un triunfo aplastante de un gobierno al que se estima por su líder, pero se descalifica por su gestión.
De esta crisis vergonzante puede renacer una nueva oposición, partidos fuertes y renovados, sólo si se deshacen de ese tipo de políticos y se permiten ser canales de participación ciudadana y de empoderamiento de las fuerzas sociales que no están ligadas a ningún movimiento político. Quizá sea su última oportunidad.

@arquimedios_gdl

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