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Hermanas y hermanos en el Señor:

No nos podemos salvar si no es en Cristo, que murió y resucitó por nosotros. Somos de verdad hijos de Dios porque Jesucristo se hizo hombre, dio la vida y resucitó para que seamos hijos en Él.
El mayor signo del amor del pastor por sus ovejas es que está dispuesto a dar la vida por ellas. Jesús es Buen Pastor porque dio su vida por sus ovejas, que es la muestra más grande de su interés por nosotros.
Jesús establece una diferencia entre su forma de ser pastor y la de ser pastores de muchos otros guías, de lo que sea.

Hay personas a las que les cuesta asumir la figura de ser ovejas de un rebaño; no aceptan esta imagen, pero en la práctica se llegan a manifestar como borregos.

O porque sucumben ante las modas y se dejan arrastrar por ellas, o porque andan de un lado para otro, cada quién con sus propias necesidades y urgencias, sin darse cuenta quién está a su lado, o porque se dejan manipular por las ideas de unos pocos, o porque asumen un vocabulario que no es propio, incluso no es honesto, pero se dejan llevar porque “así hablan todos”.
Multitudes amorfas que se mueven en las grandes ciudades, en determinadas horas y lugares. No nos gusta ser borregos, pero tenemos a mucha gente que se comporta como tal.
En cambio, pertenecer al rebaño de Jesús nos otorga dignidad. El Buen Pastor ha dado la vida por cada uno, nos conoce personalmente, conoce nuestras cosas buenas y nuestra perversidad y, sin embargo, nos ama. Pertenecer al rebaño de Jesús nos da libertad, paz, esperanza y confianza.

Al contemplar a Jesús como Buen Pastor, tenemos la clave para entendernos como sus ovejas, que es dar la vida. Si Él da la vida por nosotros, ¿qué tenemos que hacer si estamos en su rebaño? Dar nuestra vida.

Dar la vida en el servicio, en la caridad, en la sensibilidad y atención de los más necesitados, estar cerca de los que sufren, ser pastores amables y velar por las necesidades de los demás. Eso significa estar en su rebaño.
Si nos vemos como sus ovejas, la clave es escuchar su voz, y entonces nos debemos preguntar: ¿Qué tanto escuchamos al Pastor y obedecemos su Palabra?
Esto es lo que nos la identidad de ser sus discípulos, y nos da paz, gozo y certeza.

El Pastor es modelo para llevar a cabo con responsabilidad y rectitud nuestra vocación, ya sea en la vida laical, matrimonial o consagrada.

Al respecto, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa Francisco dice: “Todas las vocaciones parten de la experiencia de encontrarse con Cristo y saberse invitados, llamados por su nombre por Él y seguirlo, y servir a los demás. Todas las vocaciones parten de encontrarse con Jesús, que me conoce, me ama, me llama y me envía”.
Somos el rebaño de Jesús, pero con una gran libertad, con una gran dignidad y, sobre todo, con identidad.
Todos somos llamados por el único y verdadero Pastor que es Cristo, para ser discípulos y dar la vida en favor de nuestros hermanos.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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