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Pbro. Eduardo Michel Flores

En una ocasión, un señor joven me preguntó: “Padre, ¿a quién debo poner primero, a mi mamá o a mi esposa?”, yo le dije: “¿Por qué me pregunta eso?”, él me respondió: “Estoy casado desde hace cinco años
y mi esposa y mi mamá nunca se han llevado bien, incluso, mi mamá ha tratado mal a mi esposa; por
eso ella no la quiere ni ver, así que frecuentemente estoy en un dilema, porque mi esposa me pide que no
vaya a ver a mi mamá y mi mamá me pide que vaya a verla; mi esposa me dice que no ayude económicamente a mi mamá, pero mi mamá me pide que la ayude; mi esposa no quiere que yo lleve a mi mamá a ningún lado, pero mi mamá me pide que lo haga; mi esposa no quiere que ni siquiera hable por teléfono con mi mamá, pero mi mamá me pide que le llame; yo no quiero ignorar a mi esposa, pero siento que tengo obligación de atender a mi mamá; entonces, me pregunto: ¿a quién debo poner primero, a mi mamá o a mi esposa?”.
Yo le respondí: “La familia de la cual uno procede es importante, y uno no debe romper los lazos que lo
unen a ella aunque se case, además que la observancia del cuarto mandamiento de la ley de Dios
‘Honrarás a tu padre y a tu madre’ no tiene fecha de caducidad; es decir, obliga toda la vida, aunque de
diferente manera, dependiendo de la edad y de las distintas circunstancias en las que uno se encuentre. Ahora bien, cuando una persona se casa, forma una nueva familia, y esa nueva familia es más importante para uno que la familia de la cual procede”.

Cuando uno se casa, la prioridad para él o para ella es su esposa o su esposo. Esta prioridad se antepone a los hijos y, por supuesto, a los padres. El problema está cuando no se tienen definidas las prioridades, o cuando se está sujeto a una cierta coacción o dependencia de cualquier tipo, por parte de la familia de origen, destacando, sobre todo, la dependencia emocional.

Dejarán a su padre y a su madre
La Biblia dice: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre. Y se unirá a su mujer. Y serán los dos una sola carne” (Gn 2,24). Este pasaje habla de la prioridad que tiene la familia que uno forma sobre la familia de la cual uno desciende. Este mandato tan simple, que encontramos en el Génesis, es una continua fuente de problemas entre los esposos si no tienen bien claras las prioridades en su relación.

Amores distintos
Claro que esto conlleva, la mayoría de las veces, un conflicto con el cónyuge que se siente relegado o postergado. Los maridos deben tener en cuenta que el amor a la mamá y a la esposa son igualmente importantes: su mamá siempre será su mamá y siempre le deberán respeto y amor. Ella los formó y
fue la primera mujer que los amó y los seguirá amando incondicionalmente. Pero a su esposa le deben total devoción, cuidados, fervor, protección, etc.

Son amores tan distintos y grandes a la vez que no tienen por qué entrar en conflicto. No ha de haber ni siquiera comparación. Pueden y deben amar a ambas. Su madre siempre será su madre, pero nunca ha de ser motivo para que su esposa sea relegada. Entendamos, no es competencia ni rivalidad, sino poner a cada una en el lugar que por derecho le corresponde.
El esposo debe esforzarse por tener un buen matrimonio y una buena relación con su mamá, pero siempre recordando que su matrimonio es primero. Su mujer debe ser la primera, aún por encima de sus hijos. El esposo libremente prometió delante de Dios amar a su esposa, respetarla, servirla, protegerla y
cuidarla todos los días de su vida. Ojalá que siempre lo cumpla.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana…

@arquimedios_gdl

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