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PBRO. EDUARDO MICHEL FLORES

En una ocasión una señora me preguntó: “Padre, ¿es conveniente aplaudir durante la Misa? Porque he visto muchas veces aplaudir durante la Misa, y yo pensaba que eso era normal, pero una vez un sacerdote nos llamó la atención y nos dijo que no era correcto que aplaudiéramos durante la Misa, porque la Misa es un acto de culto a Dios y no a los hombres; desde entonces, cada vez que aplauden durante la Misa, me he preguntado si es conveniente hacerlo o no, tengo esa duda”.
Entonces yo le dije: “Los aplausos en la Misa van contra el decoro y la dignidad propios de la liturgia, porque la liturgia es el culto que la Iglesia, ofrece por Jesucristo al Padre, en el que por la sacralidad de los misterios que se celebran debe resplandecer la devoción, el recogimiento, el fervor y la piedad. Porque podríamos preguntarnos, cuando se aplaude durante la Misa, ¿a quién se aplaude? Si se aplaude al sacerdote al final de su homilía o si se aplaude al coro o al cantor después de un canto, se desnaturaliza la liturgia, que es el culto que se ofrece a Dios y no al hombre, ya que si el hombre se vuelve el centro de la liturgia, ésta pierde su esencia, porque la liturgia es esencialmente el culto que los hombres le ofrecen a Dios”, entonces ella me preguntó: “Y si en lugar de aplaudir a una persona se aplaude a Dios, entonces ¿sí se puede aplaudir?”, yo le respondí: “Algunos podrían pensar que si es a Dios a quien se aplaude, entonces sí se puede aplaudir, pero la liturgia tiene sus modos de alabar a Dios y de expresar la adoración o el júbilo, y no es mediante aplausos, sino mediante cantos, aclamaciones, alabanzas, etc. Los aplausos están ligados al uso profano. Así como en la liturgia hay saludos propios y no cabe al comenzar la Misa un saludo cotidiano como “¡Buenos días!”, sino un saludo litúrgico como “¡El Señor esté con ustedes!”, así tampoco caben los aplausos, aunque sean para Dios, ni siquiera como expresión de júbilo, pues este sentimiento del alma tiene su modo de expresarse a través de las aclamaciones”.

El aplauso enfoca la atención en nosotros en lugar de Dios. Cuando vamos a Misa queremos enfocarnos en Dios, en lo que él ha hecho por nosotros. El aplauso enfoca la atención en lo que nosotros hacemos. El Papa Benedicto XVI dijo una vez: “Cuando se aplaude a la obra humana dentro de la liturgia, nos encontramos ante un signo claro de que se ha perdido totalmente la esencia de la liturgia y ha sido sustituida por una especie de entretenimiento religioso”. Los aplausos pueden indicar que nos hemos desviado del propósito básico de la Misa, que es darle culto a Dios. Es cierto que aplaudir en Misa no es un pecado, pero no es lo más conveniente, porque corremos el riesgo de banalizar la Misa, de convertirla en un acto trivial; porque se aplaude a un artista en un teatro, o a un jugador en el estadio, o a un cantante en un concierto, o a un orador durante un discurso, pero aplaudir no debería ser la forma habitual de expresarnos en un espacio sagrado, ahí las expresiones tienen que ser otras, adecuadas al lugar y a las acciones sagradas que ahí se celebran.

Si se quiere aplaudir el momento más adecuado es una vez terminada la Misa, fuera de la celebración litúrgica.
Que Dios los bendiga, hasta la próxima semana.

@arquimedios_gdl

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