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PBRO. EDUARDO MICHEL FLORES

Una vez unos novios que se iban a casar me preguntaron: “Padre, ¿podemos decir los ‘votos matrimoniales’ con nuestras propias palabras?”, yo les respondí: “En la Iglesia católica, para que un sacramento sea válido hay dos elementos esenciales que no pueden faltar, y estos son la materia y la forma, es decir, cada sacramento tiene una materia y una forma que no pueden faltar y no se pueden cambiar, ya que eso haría inválido un sacramento. La materia se refiere a los elementos materiales utilizados en la administración de un sacramento. Cada sacramento tiene su materia específica. Por ejemplo, la materia en el Bautismo es el agua, y no se puede cambiar, no se puede bautizar con algo distinto del agua, por ejemplo con refresco, porque la materia es el agua y no se puede usar otra; lo mismo sucede con la Eucaristía, la materia es el pan y el vino, y no se puede utilizar otra materia, como tortillas en lugar de pan o refresco en lugar de vino; en la Confirmación la materia es el óleo sagrado y no se puede cambiar. La forma se refiere a las palabras pronunciadas durante la administración de un sacramento. Estas palabras son esenciales para la validez del sacramento.

En el Bautismo, la forma son las palabras pronunciadas mientras se derrama el agua sobre la cabeza del niño: ‘Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’; en la Eucaristía, la forma son las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote sobre el pan y el vino: ‘Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre’; en la Confirmación, la forma son las palabras pronunciadas por el Obispo durante la unción con el óleo en la frente del confirmando: ‘Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo’; en el Matrimonio la materia es la voluntad y el consentimiento libre y mutuo de los contrayentes para casarse entre sí.
Es la promesa que los esposos se hacen el uno al otro de amarse y honrarse todos los días de su vida, de compartir alegrías y penas, y de permanecer unidos en la fidelidad, y la forma es la expresión verbal del consentimiento: ‘Yo… te acepto a ti…, como mi esposo/a y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida’”.

Ellos dijeron: “Padre, entonces ¿no podemos decir los ‘votos matrimoniales’ con nuestras propias palabras?”, yo les dije: “No, porque según la ley de la Iglesia, conocida como Derecho Canónico, el consentimiento matrimonial es esencial y debe expresarse según la forma establecida por la Iglesia. La validez del sacramento del matrimonio depende del cumplimiento de ciertos elementos, y cualquier cambio en las palabras del consentimiento podría afectar la validez.
El Código de Derecho Canónico establece que el consentimiento matrimonial debe ser expresado de acuerdo con las palabras escritas en el ritual litúrgico del matrimonio aprobado por la autoridad competente. Esto significa que los esposos, para que su matrimonio sea válido, deben pronunciar las palabras del consentimiento de acuerdo con el ritual del matrimonio. Además, los sacerdotes que celebramos los sacramentos en la Iglesia católica tenemos la obligación de utilizar las fórmulas establecidas en los rituales de los sacramentos aprobados por la autoridad competente.

Cualquier cambio o modificación en las palabras de un sacramento, por ejemplo, en el consentimiento matrimonial, pone en peligro la validez del sacramento.


Hasta la semana que viene,
si Dios quiere

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