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Pbro. Eduardo Michel Flores

En cierta ocasión, un señor me preguntó: “Padre, ¿por qué la Iglesia se mete en política? Porque el otro día oí a un Sacerdote comentando fuertemente la grave situación actual, a mí no me parece correcto que la Iglesia se meta en política”, yo le respondí: “La Iglesia no sólo puede, sino que, debido a su naturaleza y a su misión, debe participar en política, porque la Iglesia tiene como tarea iluminar las realidades temporales con la luz del Evangelio, y la política es una de esas realidades temporales que necesitan ser iluminadas por el Evangelio, pero hay que aclarar que nos referimos a la política en sentido amplio, es decir a la que se ocupa de los asuntos relacionados con la organización de una comunidad o sociedad, no a la política partidista”.
La Iglesia recuerda la importancia de la participación política de los católicos como parte de su vocación cristiana para transformar el mundo según el designio de Dios. La Iglesia reconoce la legitimidad y la necesidad de la actividad política como medio para promover el bien común y la justicia social, y alienta a los católicos a involucrarse activamente en la vida política.

Pero también advierte sobre los riesgos y desafíos que enfrentan los católicos en la política, especialmente la tentación de comprometer los principios éticos y morales por alcanzar el éxito político o la popularidad. La Iglesia exhorta a los políticos a mantener una coherencia entre la fe y la vida política, evitando la separación artificial entre la ética personal y la acción pública.

Uno de los aspectos fundamentales que deben considerar quienes aspiran a un puesto de elección es el respeto y la promoción de la dignidad humana en todas las etapas de la vida y en las políticas públicas. Los católicos deben defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, así como proteger los derechos humanos y la dignidad de todos, especialmente de los más vulnerables y marginados de la sociedad.
Además, el respeto a la libertad religiosa y la laicidad positiva en la vida política, defendiendo el derecho de los individuos y las comunidades religiosas a participar en el debate público y a influir en la formación de políticas en función de sus convicciones éticas y religiosas.
En cuanto a la relación entre la fe y la política, la Iglesia enfatiza que la fe católica no ofrece soluciones políticas concretas, pero proporciona principios éticos y morales que guían la acción política de los católicos.

Estos principios incluyen el respeto a la ley natural, la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia distributiva y el bien común, que deben aplicarse en el discernimiento y la formulación de políticas públicas.

La Iglesia también recuerda a los católicos en cargos públicos su responsabilidad moral para actuar de acuerdo con los principios de la enseñanza católica, incluso cuando esto implique ir en contra de opiniones populares o de la línea partidista. Los católicos en posiciones de liderazgo político tienen el deber de ser testigos coherentes de su fe y de trabajar por el bien común, incluso en circunstancias difíciles.

Los católicos que desean participar en la vida pública deben hacerlo de acuerdo con los principios éticos y morales de su fe. Al enfatizar la importancia de la coherencia entre la fe y la acción política, así como la defensa de la dignidad humana y el bien común, la Iglesia reafirma el papel crucial de los católicos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.


Hasta la próxima semana, si Dios quiere.

@arquimedios_gdl

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