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PBRO. EDUARDO MICHEL FLORES

Hace un tiempo, una señora joven me preguntó: “Padre, ¿por qué sufren y mueren los niños?”,
yo le contesté: “¿Por qué me pregunta eso?”. Entonces, ella me dijo: “Tengo una amiga a la que aprecio mucho y la quiero como una hermana, que tuvo un bebé hace como un año, era su primer hijo y el primer nieto de sus padres.
Su nacimiento fue una bendición para toda su familia, realmente los alegró. Desgraciadamente, esa alegría no duró mucho, porque apenas unas semanas después de nacido al niño le detectaron una rara enfermedad que obligó a mi amiga a someter a su hijo a todo tipo de tratamientos e internarlo
frecuentemente sin que hubiera notable mejoría.

“Varias veces le reclamé a Dios, le pregunté: ‘¿Por qué sufren los niños?’ Porque no logro entender
cuál es el sentido del sufrimiento de los pequeños y del dolor de sus padres. Lamentablemente, el
niño, en vez de mejorar, empeoró, y murió. Entonces, yo me enojé mucho con Dios y le pregunté:
‘¿Por qué mueren los niños?’. Para mí, la muerte de un menor es algo que no puedo comprender. Y todavía hoy me sigo preguntando ‘¿Por qué sufren y mueren los niños?’.
Y no encuentro una respuesta, es algo que no puedo entender, ¿por qué Dios lo permite?, ¿acaso no es
Dios?, ¿acaso no puede impedirlo? Estas preguntas a veces me quitan el sueño, y a veces hasta hacen que
mi fe se tambalee. Ayúdeme, Padre, por favor”.

Yo le dije: “El sentido del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad y de la muerte de los inocentes, de los niños, de los buenos, siempre ha sido, es y seguirá siendo un misterio que nos sobrepasa y nos desconcierta. Dar una respuesta rotunda no es posible, porque el sufrimiento de los niños es, sin duda, de los misterios de Dios más difíciles de entender.

¿Por qué sufren los niños? La respuesta más acertada es que no hay una contestación apropiada, porque
es un misterio que nos desborda. La fe viene en nuestra ayuda. Cuando miramos al Crucificado, vemos al
inocente, al justo, que ha sufrido lo indecible por salvarnos, por redimirnos del pecado y de la muerte. El que no cometió pecado sufrió de forma inimaginable para salvarnos, solo si miramos el sufrimiento de los niños desde esta perspectiva podremos intuir que su sufrimiento tiene un sentido solo conocido por Dios, solo comprendido por Él”.

El hombre siempre ha querido ver una relación entre el mal comportamiento y las desdichadas situaciones que una persona afronta en la vida. La pretensión de relacionar el pecado con el sufrimiento estaba ya presente en tiempos de Jesús, por lo que Él tuvo que hablar del tema en varias ocasiones, como
cuando sus discípulos le preguntaron acerca del ciego de nacimiento: “¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” Jesús les respondió: “No pecó él, ni sus padres” (Jn 9,1-3).
Los discípulos pensaban que el inocente jamás sufriría y culpaban al ciego o a sus padres. Jesús corrigió su forma de pensar, diciendo: “Esto sucedió para que las obras de Dios se manifestaran en él” (v. 3). La ceguera del hombre no era consecuencia de un pecado suyo, sino que Dios tenía un propósito mayor para su sufrimiento. San Pablo enseña que “para los que aman a Dios todas las cosas contribuyen a su bien” (Rom 8,28).
En última instancia, el sufrimiento, incluso el de los niños, es parte de “todas las cosas” de las que Dios se está valiendo para cumplir sus propósitos.

El plan de Dios es perfecto, y aquellos que confían en Él no serán defraudados. El sufrimiento y el dolor son inevitables en esta vida. Por incomprensible que parezca, el sufrimiento de los niños Dios lo toma y lo transforma positivamente para salvación del mundo.

Dios los bendiga.
Nos leemos la próxima semana.

@arquimedios_gdl

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