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Pbro. Eduardo Michel Flores

En una ocasión, se me acercó una señora para preguntarme: “Padre, ¿qué son las revelaciones privadas?
Porque hace tiempo escuché a un Sacerdote que decía que las apariciones de la Virgen en diferentes lugares eran revelaciones privadas; yo no entendí lo que quiso decir, por eso mejor vine a preguntarle”. Yo le respondí: “Dios se ha dado a conocer a nosotros a través de la revelación pública, en la que nos da a conocer su plan de salvación y nos enseña las verdades que debemos creer y profesar para salvarnos; además de la revelación pública, existen otras conocidas como revelaciones privadas, son las que reciben personas en particular, pero que no contienen ninguna verdad de fe nueva o distinta de las ya contenidas en la revelación pública, sólo explicitan o ahondan en un aspecto de la revelación pública necesario para esa época.
La Iglesia estudia cuidadosamente las revelaciones privadas para determinar si verdaderamente son de origen sobrenatural o no; si lo son, la Iglesia permite su difusión, en caso contrario la prohíbe”.

Las revelaciones privadas son experiencias religiosas, visiones u otros fenómenos sobrenaturales que una persona ha recibido de Dios, la Virgen María, o un santo, pero que no forman parte del depósito de la fe revelada y contenida en la Sagrada Escritura y la Tradición Apostólica. Estas revelaciones privadas son consideradas como manifestaciones divinas individuales y no son vinculantes para la fe católica, como lo son las verdades reveladas en la Biblia y en la enseñanza oficial de la Iglesia.

A lo largo de la historia diferentes personas han tenido experiencias místicas y revelaciones privadas que han enriquecido su vida espiritual y han llevado a una mayor devoción y fe. Sin embargo, la Iglesia discierne con cautela estas revelaciones, y no las considera como parte integrante de la Revelación Divina, que se considera completa con la muerte del último Apóstol y está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición.
La Iglesia tiene sus criterios para discernir la autenticidad de las revelaciones privadas, como son: la conformidad con la enseñanza y la tradición de la fe católica, la moralidad de las visiones o mensajes, la santidad y el discernimiento de la persona que las recibió, y los frutos espirituales que producen en quienes las aceptan.
Es importante destacar que la aceptación de las revelaciones privadas por parte de los fieles católicos no es obligatoria para la fe, y que la autoridad competente de la Iglesia, como el Obispo local o la Santa Sede, puede prohibir la difusión o promoción de revelaciones privadas si se considera que son contrarias a la fe católica o pueden causar confusión o división entre los fieles.

A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Éstas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe.
Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia.
Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar “revelaciones” que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes “revelaciones”.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

@arquimedios_gdl

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