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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
Mi hija de 11 años se ha hecho muy amiga de una niña de su edad que es muy buena. Su amiguita pertenece a una denominación cristiana no católica. Todo ha ido bien, pero últimamente mi hija está inquieta porque recibe críticas a nuestra fe de parte de esta amiguita: se ha expresado mal de María, de la Eucaristía y de los Sacerdotes. No sé cómo manejar el tema.
Zenaida F.

HERMANA MÍA ZENAIDA:
Si queremos construir la unidad, debemos pedir a Dios que purifique nuestra mirada dándonos la suya. Él nos la concederá si la pedimos con sinceridad en la oración.
Podemos pedir respeto y debemos hacerlo respetuosamente. Si una persona piensa distinto y nos lo expresa, escuchemos su mensaje con educación. Si en sus palabras ofende lo que para nosotros es sagrado, le pedimos de buen modo que no lo haga más porque nos duele y que nos concentremos en lo que tenemos en común. Nuestra mirada amorosa le ayudará a aceptar con paz nuestra sugerencia.
En el mes de enero, la Iglesia católica dedica una semana a orar por la unidad de los cristianos. El Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad Cristiana publicó en 1993 unos principios y normas para hacer vida el ecumenismo al que nos llama el Concilio Vaticano II. Es una respuesta dócil a cumplir el deseo de Jesucristo: “que todos sean uno”.

Como católicos, hemos de ser ejemplo de unidad. Podemos lograrlo buscando los temas que tenemos en común y uniéndonos en buenas obras con base en ellos.
Por ejemplo, podemos honrar a Dios Padre junto a nuestros hermanos judíos; podemos imitar a Cristo al lado de nuestros hermanos cristianos; podemos unirnos en acciones que fomenten la paz con todo tipo de denominaciones, incluso con hermanos nuestros de buena voluntad aún cuando no sean creyentes.

Pidamos a Jesús y a María su mirada.
Que nos ayuden a mirar como ellos lo hacen. Me encanta la oración que aparece en la liturgia de las horas y que inicia con esta frase inspiradora: “préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar…”

Nuestra mirada puede ser caricia o látigo. A veces matamos con la mirada, cuando en el corazón hay recelo, desconfianza, orgullo, altanería, envidia o soberbia. Pero también podemos renovar y restaurar a otros con esa mirada que transmite afecto, aliento, atención, respeto, compasión y amor.


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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