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Pbro. Giovanni Antonio Camarillo Rubio

El Bautismo, como sacramento de iniciación cristiana, ocupa un lugar fundamental en la doctrina católica, como se expone en el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio. Este sacramento, que marca el ingreso de una persona a la comunidad cristiana, había sido una gran preocupación en las familias que se enraizaba en nuestro país desde los primeros días de la evangelización. Sin duda, hoy en día existen diversas posturas y prácticas en lo referente al Bautismo católico, pues en una desvalorización de la fe cristiana se ha ido olvidando la grandeza de este sacramento de iniciación cristiana que nos da la dignidad de ser hijos de Dios.
EL BAUTISMO DESDE LA DOCTRINA CATÓLICA: UN COMPROMISO ETERNO
El Catecismo de la Iglesia Católica presenta el Bautismo como el primer sacramento, el fundamento de toda la vida cristiana. En sus párrafos iniciales (1213-1284), se destaca que el Bautismo es la puerta que abre el acceso a los demás sacramentos y la base de la comunión con Dios. Este rito, según el Magisterio de la Iglesia, no sólo perdona el pecado original sino que infunde la gracia divina, marcando al individuo como hijo adoptivo de Dios.

La doctrina católica también enfatiza la triple función del Bautismo: ser sacramento de la fe, de la regeneración y de la unión con la Iglesia. A través de la inmersión en agua o la efusión, se simboliza la muerte y Resurrección de Cristo, y se sella el compromiso del bautizado con la fe cristiana.

LA ACTUALIDAD DEL EJERCICIO DEL BAUTISMO: ¿PRIORIDAD ENTRE LOS CATÓLICOS?
En el contexto actual, surge la pregunta crucial de si el Bautismo sigue siendo una prioridad entre los católicos. A medida que las sociedades evolucionan y los valores cambian, es necesario evaluar la vigencia de este sacramento en la vida de la comunidad cristiana.
En nuestro México, mayoritariamente católico, según los datos del censo que presentó el INEGI en el 2020, el 77.7% de los mexicanos somos católicos es decir 97. 8 millones profesamos la fe en Cristo, pero de aquí a cuantos en realidad sean bautizados pudiera disminuir el dato y si continuamos con esta disyuntiva cuantos vivimos el sacramento del baño bautismal, comportándonos como testigos de Cristo; la cifra pudiera ser menor.

Vivimos en una sociedad globalizada, en la que aun cuando las raíces familiares, hasta hace algunos años, eran netamente cristianas, en la actualidad las diferentes ideologías, modas y los fugaces cambios de época; han disminuido el compromiso de la vida de fe entre los miembros de la familia. También no podemos dejar de mencionar que los escándalos de diferentes tipos al interior de la Iglesia que van desde un maltrato hasta algún asunto mayor, han herido lastimosamente a los fieles causando un enfriamiento y a la larga un abandono de la fe.

Datos recientes revelan que, a pesar de los desafíos contemporáneos, el Bautismo mantiene su relevancia. En la Iglesia Católica, según el Anuario Pontificio de 2023 se han observado tendencias a la alza en el número de bautismos anuales de 16 millones 240 mil creyentes que han sido bautizados, entre infantes y en una buena cifra se habla de jóvenes y adultos que habiendo tenido un encuentro con Cristo desean seguirlo.

Con esto se ha evidenciado un interés continuo por parte de los fieles en recibir el sacramento.
Estos datos reflejan la persistente importancia que la comunidad católica otorga al Bautismo como un paso significativo en la vida espiritual.

DATOS ACTUALES DE BAUTISMOS EN LA IGLESIA CATÓLICA
Según estadísticas recientes proporcionadas por la Santa Sede, se estima que el número de bautismos anuales en la Iglesia Católica ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años llegando a ser 1.375,852,000 católicos a inicios 2022. En regiones específicas, como América Latina (6,629,000) y África (8,312,000), se observa un aumento significativo en comparación con décadas anteriores. Este puede atribuirse a diversos factores, incluyendo la expansión demográfica y el renovado interés en la fe católica en estas áreas que se debe a una evangelización continua y constante por parte de la Iglesia.
Estos datos desafían la percepción de que la fe católica se esta desestimando y con mayor acento entre las nuevas generaciones, pues aunque es evidente lo que ya antes mencionaba sobre las ideologías y la continua descristianización de la humanidad, cuando los jóvenes se encuentran con Cristo deciden darle la oportunidad a que conquiste su vida y renueven el Bautismo que por la voluntad de sus padres recibieron en su infancia; o los que no lo han recibido soliciten el Bautismo, asumiendo los deberes del cristiano. Siendo así el sacramento sigue siendo una expresión vital de la identidad católica, una afirmación de la fe en medio de un paisaje cultural cambiante.

LA NECESIDAD DE LA CATEQUESIS EN EL BAUTISMO DE NIÑOS
¿Si el sacramento del Bautismo es la puerta de ingreso a la Iglesia, por qué sería necesaria una catequesis para ingresar? Esta y diversas preguntas en ocasiones se plantean entre la comunidad, pero no es más que fruto del relajamiento de la fe y la falta de compromiso que en algunos padres de familia se va dando por distintos motivos.
El Catecismo de la Iglesia Católica, en sus párrafos 1231-1233, nos enseña que los niños son bautizados en la fe de sus padres, y de sus padrinos. Sin embargo, este acto no es meramente simbólico; es un compromiso comunitario de criar al niño en la fe católica. Es aquí donde la catequesis desempeña un papel crucial.

La catequesis bautismal para los niños va más allá de la mera presentación de rituales. Proporciona a los padres y padrinos la comprensión profunda de la responsabilidad asumida al presentar al niño para el Bautismo. Explora el significado del sacramento, la importancia de la vida cristiana y el papel central de la comunidad en la formación espiritual del niño. La catequesis se convierte en una guía, preparando no sólo al niño sino también a quienes lo rodean para nutrir su crecimiento en la fe.
LA PREPARACIÓN CATEQUÉTICA PARA EL BAUTISMO DE ADULTOS
Y como lo citaba, en la actualidad. el ejercicio de bautizar a una persona ya no se da en su mayoria en los primeros meses de vida, sino que algunos progenitores esperan a que cumpla un año o dos, tres, cuatro… dándose un fenómeno cada vez más común de bautizar niños que ya están en edad de catequesis, o lo que es más grave, querer resolver el asunto ya en edad adulta por la premura de un matrimonio o por la necesidad de ser padrinos.
Por desgracia, estos son algunos escenarios donde constatamos la falta de fe y de formación entre los católicos, situaciones que deben hacer que la Iglesia responda desde la evangelización constante, pues un estado permanente de misión como lo tenemos en nuestra Arquidiócesis con la “Gran Misión de la Misericordia” debe urgirnos a buscar a todos los que necesitan ser sanados y restaurados por Cristo, para que reciban el baño purificador que los inserta a la vida de gracia.
En el Bautismo de adultos, la catequesis asume una dimensión aún más profunda. El Catecismo de la Iglesia Católica (1229) nos dice que los adultos deben ser preparados con cuidado durante un período de tiempo suficiente, participando en la comunidad cristiana y adquiriendo un conocimiento profundo de la fe católica. El Código de Derecho Canónico en los cánones 851 852 respalda esta necesidad, subrayando la importancia de una preparación adecuada y completa.
La catequesis para adultos que buscan el Bautismo es un viaje transformador. Implica explorar la fe, comprender las Escrituras, y sumergirse en la riqueza de la tradición católica. Además, se abordan las experiencias de vida, los desafíos y las preguntas que los adultos traen consigo. La catequesis aquí se convierte en un diálogo enriquecedor, preparan do a los adultos no sólo para recibir el sacramento sino también para abrazar plenamente la vida cristiana.

BAUTISMO, SACRAMENTO ESENCIAL PARA EL CREYENTE
En conclusión, el Bautismo como sacramento de iniciación cristiana continúa siendo una piedra angular en la doctrina católica y una práctica significativa en la vida de la Iglesia, sigue siendo un testimonio tangible de la gracia divina, la regeneración espiritual y la unión con la Iglesia. A medida que los católicos continúan buscando profundizar su conexión con la fe, el Bautismo se presenta como un faro de esperanza y un recordatorio perdurable de la presencia de Dios en sus vidas.

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