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Lupita:

En casa ya somos todos adultos y no hay ilusión para vivir la Navidad. No hay dinero que alcance y en definitiva no compraremos arbolito navideño. Siento un desaliento especial pensando que ese día pasará como cualquier otro. ¿Cómo recuperar la ilusión?

Francisca H.

Hermana mía, Paquita:

Vivir el espíritu de Navidad no es cuestión de dinero, ni de edad ni de alguna otra circunstancia exterior. La actitud del corazón es lo que cuenta.

¿Recuerdas la clásica historia de Charles Dickens, en la que su protagonista cambia el corazón?   Se llama: Cuento de Navidad y fue escrito en 1843.  Es una obra clásica porque describe los sentimientos humanos que nunca cambian pues son parte de nuestra esencia.

Ebenezer Scrooge, es un viejo amargado que odia la navidad. Hace trabajar a sus empleados sin ninguna consideración por horas extras, poca paga y condiciones climáticas extremas incluso en la Noche Buena y Navidad.

Charles Dickens da al clavo cuando describe a su protagonista diciendo: “El frío de su interior le helaba las viejas facciones”.

La Navidad, y más concretamente el espíritu navideño, es una actitud cálida del corazón. Como en todos los aspectos de nuestra fe, el desconocimiento nos hace despreciar verdaderos tesoros. La Navidad no es decoración exterior, una cena o algunos regalos; aunque todo eso contribuye a expresar nuestros sentimientos internos, no es la fuente real de nuestra alegría. En esencia la Navidad es una grandiosa fiesta porque ¡celebramos el nacimiento del niño Jesús!  Dios toma carne y se presenta entre nosotros pequeñito. Dios se hizo hombre con el fin de modelar para nosotros la forma en que hay que vivir en este mundo dirigiéndonos a la vida eterna. Nos enseña humildad, servicio y amor de donación desde la forma en que vino al mundo.

Tener “espíritu navideño”, es salir de la actitud egoísta y fría, al deseo de hacer feliz a otro.  En el Cuento de Navidad, el protagonista sufre esta transformación después de recibir tres espíritus que le hacen reflexionar: el espíritu de las navidades pasadas, las futuras y las presentes.

Preparemos nuestra actitud interior disponiéndonos a imitar el cálido corazón de Jesús. ¿Qué vamos a hacer por los más pobres esta Navidad?, ¿Cómo arrullaremos al niño en nuestros hermanos?

Acércate a otro que tenga más necesidad que tú y ¡regálale al menos tu sonrisa!

Lupita Venegas/Psicóloga

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